Showing posts with label NO ME SEAS CUENTISTA. Show all posts
Showing posts with label NO ME SEAS CUENTISTA. Show all posts

14 January, 2016

EL RETO. HM1





Meses después, frente al pelotón de periodistas que la apuntaban con sus micrófonos recordaría aquella tarde en que en un arrebato aceptaría el reto de escribir una mala historia cada semana.

El reto le ofrecía una trayectoria que parecía hecha a medida.  Ella no es que fuera una mujer de principios, pero si que empezaba cosas, cosas que luego no podía o no sabía acabar y que quedaban perdidos en un laberinto de situaciones absurdas, malentendidos y abandonos. Principios de aventuras. Principios de historias, Principios de proyectos laborales. Principios de enamoramiento. Principios de prácticas deportivas varias. Principios de aprendizaje musical. Y así.

Pero entre todo eso, una de las cosas que más le gustaba desde pequeña era empezar historias. Crecían a partir de una frase, de una imagen, de un personaje que existía o no…a veces esos principios prometían, pero luego se enredaban sobre si mismos hasta que todas las opciones quedaban capadas. Otras veces la inspiración no iba mas alla de dos lineas. Pero aquel reto le ofrecía la posibilidad de forzar finales, de asesinar gratuitamente a sus personajes, de resubordinar frases eternas, de utilizar recursos remanidos, de plagiar buenos y malos relatos, de inventar palabras, de escribir compulsivamente. Vamos, el sueño de cualquier escritor mediocre con pretensiones.

Corría el rumor que todo había empezado por un meme de Facebook, ella siempre lo desmintió alegando que el meme era el resultado de incrédulos ultrapositivos cuquilectores de Coello y Bucay que negaban a ultranza la posibilidad del fracaso. Ella había planteado su reto y a partir de ahí habían surgido esas frases que aseguraban que era imposible con un objetivo baboso-motivacional. Aquellos vendedores de humo rosa perfumado la cabreaban de tal manera que por primera vez en su vida se vio dispuesta a acabar algo. ¿Cómo iba a ser imposible escribir 52 relatos malos seguidos? Ella había estado segura desde el primer momento, desde el principio. Solo había que dar un vistazo a su colección de diarios personales. Ella si podía, Y de hecho, si alguna vez había sido capaz de redactar un párrafo ameno o interesante, las horas de sofá y telebasura oportunamente habían abortado cualquier intento de ir más allá.

Asi desde el momento que empezó el reto su compromiso fue máximo y semana tras semana colgó en su anodino blog una nueva historia, cada vez más mala, cada vez más incoherente, cada vez con un vocabulario más pobre, con argumentos cada vez más inverosímiles y personajes más planos. Su blog se lleno de comentarios de friquis, de trols y de spam en varios idiomas. Pero ella no se sentía presionada, las malas historias eran su baza, y la última semana del año publicó su Gran Mala Historia Maestra. Era mala de verdad, pésima, la aberración última. Y se hizo viral.
Empezaron a correr artículos con títulos como “no creerás lo que fue capaz de hacer esta escritora”, “las 52 historias que no deberías leer”. Y empezó la discusión. Ella atribuía su éxito en el reto a su falta de talento, a su gran fracaso como escritora, sin embargo sus detractores le negaban el triunfo. Lo suyo era un fracaso, un reto no cumplido y le atribuían una serie de virtudes que le producían alergia, a saber: creatividad, perseverancia, innovación, motivación, disciplina…Sus defensores en cambio atribuían su triunfo en el reto al descuido, a las prisas, a la falta de documentación, a la mediocridad, a la pereza…

Y al final, tras meses de idas y venidas en las redes, de negociar con patrocinadores que le proponían nuevos retos “cada día una foto en la que salgas mas fea” “cada día una canción desafinada” dio una rueda de prensa a la que acudieron periodista de la prensa amarilla, de los suplementos culturales, de los medios digitales, de las hojas dominicales de las parroquias…y cuando los tenía a todos delante , impacientes por saber que diría, leanto la mirada y dijo “Hasta la vista baby”, y se fue con el peor final que se le ocurrió  arrancando un gran aplauso.

tiempo malgastado 45 min 
51 malas historias esperan ser escritas

17 September, 2009

Cuento Atrás

Queridos, La editorial Hijos del Hule está preparando una antología de relatos de los alumnos del Aula de Escritores. Parece ser que un par de relatos míos se han colado en el índice y eso, evidentemente, me hace mucha ilusión. La presentación será el día 6 de noviembre en la sala Àmbit Cultural del Corte Inglés de Portal del Angel de Barcelona. Estaís todos invitados. Además, si quereís conocer a los autores (con unas bios de lo más curiosas) y seguir la evolución del libro, os invito a visitar el blog de la antología: Cuentoatras.com, a uniros a nuestro grupo de Facebook y por supuesto a comprar un ejemplar del Cuento Atrás tan pronto como salga a la venta :)

30 August, 2009

IDA O VUELTA

besoB

John trato de incorporarse pero apenas tenía fuerzas. Por los cristales rotos de las ventanas, vio que estaban en la selva. A su lado yacía el cuerpo inerte de su compañero. “Lo siento Alan, tenía que haber sido yo, a mí no me espera nadie y yo no espero nada.”

Miró hacia el equipo de rescate que manipulaba con cuidado la caja negra. Habían dado por supuesto que estaban todos muertos.

—¡No! ¡No abráis la negra! ¡Dejad que al menos pueda besarla! –trató de gritar pero tan sólo logró consumir la poca energía que le quedaba.

—Ha sido el piloto. ¡Está vivo! —Los chicos del equipo de rescate intercambiaron una mirada y fijaron la vista en la extraña caja blanca. Uno de ellos corrió hacia el piloto, con una mano le levanto ligeramente la cabeza.

—Tranquilo, ya estamos aquí, te llevaremos a casa ¿qué ocurre? ¿qué hay en la caja blanca? ¿por que no podemos abrir la caja negra?

No obtuvo respuesta. John tan sólo pudo girar ligeramente la cabeza hacia Alan, no tenía fuerza para hablar. El rescatador miró a su compañero preguntándole con la mirada: ¿la blanca o la negra? Su compañero alzó las cejas y resopló, volvió a inclinarse sobre el amasijo de hierros y unos minutos después unas voces lejanas rompieron el silencio de la selva. Atentos escucharon lo que había recogido

la caja negra: ... «Alan, ¿y que vas a hacer cuando lleguemos.» «Llamaré a Maggie, la invitaré a cenar, bailaremos en un jardín alumbrado con velas, pediré a los músicos que toquen el Fly me to the Moon y la abrazaré y la besaré como no la han besado nunca.» «Esa chica, ¿te gusta eh?» «Creo que la quiero...¿Qué ha sido eso?. John que está pasando, ¿perdemos altura?» «¡No responde!, ¡hemos perdido el control!...»

La grabación seguía con una explosión y los gritos despavoridos de los pilotos. A John se le llenaron los ojos de lágrimas habían abierto la caja de la ida. Alan nunca podría besar a Maggie. El rescatador que estaba junto a él le tomo la mano.

—Ánimo chico, te sacaremos de aquí y te pondrás bien.

...

la caja blanca.

«Alan, ¿y que has estado haciendo?.» «Llamé a Maggie, la invité a cenar, bailamos en un jardín alumbrado con velas, pedí a los músicos que tocaran el Fly me to the Moon y la abracé y la besé como no la había besado nunca a nadie.» «Esa chica, ¿te gusta eh?» «La quiero...¿Qué ha sido eso?. John que está pasando, ¿perdemos altura?» «¡No responde!, ¡hemos perdido el control!...»

La grabación seguía con una explosión y los gritos despavoridos de los pilotos. A John se le llenaron los ojos de lágrimas habían abierto la caja de la vuelta. Maggie nunca podría olvidar el beso de Alan. El rescatador que estaba junto a él le tomo la mano.

—Ánimo chico, te sacaremos de aquí y te pondrás bien.

31 July, 2009

EL 12 HORIZONTAL.

crossword-solving

Se había aficionado a los crucigramas. Incluso de vez en cuando utilizaba al hablar esas palabras que solo se utilizan en sus soluciones, "rea" la más habitual. También había acabado por memorizar la tabla de los elementos en una versión más extendida que la que utilizaban en clase de química. ¡Manda huevos! ¿Qué cara pondría el profesor Bacterio que tanto se había indignado la tercera vez que lo sorprendió en un examen con un papel arrugado en el puño? Creía que había bajado el nivel de los pasatiempos. Eran demasiado fáciles para su gusto, debía ser una consecuencia del empobrecimiento cultural general. Solo los viernes tenían cierta dificultad. El resto de los días eran tan fáciles y repetitivos que ahora la gracia estaba en cronometrarse. Pero aquel día estaba tardando demasiado incluso teniendo en cuenta que era viernes. El 12 horizontal lo tenía atrapado y en cadena todas las palabras que se cruzaban verticalmente. "Completar uno un todo con las partes que faltan." ¿Unir? ¿juntar? ¿componer? ¿completar? Llevaba un buen rato mirando al vacío buscando por los rincones de su cerebro y el rótulo de neón que a veces veía encenderse en su imaginación no aparecía.

Ofuscado como estaba no se dio cuenta de que alguien se acercaba a la puerta hasta que esta se abrió violentamente. Al sobresalto inicial le siguió el desconcierto cuando la mujer que acababa de entrar se plantó ante él amenazadoramente:

—Tenemos que hablar.

—Si claro, un minuto,espera que lo tengo en la punta de la lengua, bueno, a lo mejor puedes ayudarme, a ver, de 8 letras ...—ella se inclinó hacía él y dio una sacudida al periódico. Solo entonces se dio cuenta de la temible mirada de la mujer. Su cuerpo parecía agarrotado, en tensión, como un animal a punto de atacar a una presa.

—Te he dicho que tenemos que hablar —la mujer abrió el bolso bruscamente, sacó el monedero y buscó entre lo que parecían tickets de compra. Después de rebuscar unos segundos sacó un papel arrugado y lo arrojó sobre el periódico que todavía estaba abierto. —otra vez lo mismo. Estoy harta. Esto no puede seguir así.

—Pero mujer...—trató de razonar una respuesta pero viendo la cara de furia de la mujer pensó que era mejor callarse.

—¿pero mujer qué? ¿crees que esto es normal? ¿cuánto hace que nos conocemos?

—unos tres años

—tres años y cuatro meses, desde que llegaste aquí con tus promesas.

—¿promesas?

—si, promesas ¿que es sino lo que me ofreces cada semana? ¡Putas promesas y faslas esperanzas! Y cada semana, una tras otra me fallas. Y yo sigo confiando en ti como una tonta. 3 años y medio. Eso son 181 semanas. 181 engaños. —El la miraba sin saber que hacer, no entendía nada. Hacía tiempo que sospechaba que algo no andaba bien en aquella mujer, pero no se esperaba un numerito como aquel.

—Pero mujer, tranquilizate, de verdad que no se por que te pones así, ya sabes cuáles son las reglas del juego.

—¿Que juego? ¿esto es un juego para ti? ¿un juego? Es mi vida, mi futuro, mis sueños. ¿Es un juego para ti?—viendo que la cosa empeoraba cada vez más desistió de tratar de tranquilizarla. y miró de cambiar de táctica.

—en serio, de verdad, nunca ha sido mi intención perjudicarte, ¿qué puedo hacer? díme, ¿qué quieres de mi?—finjió una amabilidad extrema, aquella mujer estaba tan exaltada que no le hubiera extrañado que sacara un cuchillo jamonero del bolso.

—¿tú que crees que quiero? ¿tu para que cojones crees que vengo todas las semanas?

—... —no sabía que decir, no entendía que estaba pasando, no tenía ni idea de que estaba esperando aquella mujer. ¿se le habría estado insinuando?

—a ver, cuando voy al zapatero me arregla los zapatos y pago, en la peluquería me peinan y pago, si el mecánico no me arregla el coche yo no le pago...¿quieres qué siga?

—no, si, bueno, perdona, no te lo tomes a mal, por favor —diplomacia— pero es que no consigo entender que quieres.

—pero a ver, ¿tu crees que vengo todos los jueves a darte un euro por la cara? ¿tu crees que ese puto papelito que me das vale un euro? —él abrió los ojos todo lo que pudo, no se podía creer lo que estaba pasando. —no, yo no vengo aquí a que me des un triste papel, semana tras semana, sin un puto reintegro. Eso no es. Si no sabes hacer tu trabajo no lo hagas.

Sin duda estaba loca. Estaba loca. Rematadamente loca. ¿Pero acaso no tenía razón? ¿Acaso no venía puntualmente todas las semanas esperando ser la afortunada? ¿Acaso no estaba en cierta manera pagando por adelantado sus caprichos? Y es verdad que la mujer no tenía mucha suerte, no recordaba que le hubiera salido ni el reintegro, ...reintegro, reintegro. Mierda. El crucigrama. Ahí estaba en la punta de la lengua. Como odiaba esa expresión y sobretodo esa sensación. Reintegrar. Integro. ¡Integrar! Ella seguía despotricando vehementemente. Lo llamaba estafador. Desalmado vividor de sueños ajenos. Frívolo repartidor de falsas esperanzas. La verdad es que haber dado con el 12 horizontales había despejado un poco su mente y ahora podía pensar con más frialdad. Aquella mujer sin duda tenía algún problema mental, pero hasta ese día no había parecido grave, quizá algo sola, un poco histérica, pero nada más. Con astucia podía reconducir la situación, es más quizá hasta podía salir beneficiado. La loca histérica que tenía delante no estaba nada mal, y por lo que el sabía, no se le conocía pareja, aventura o amante ocasional.

—Pero mujer, ¿es que no has entendido nada?

—¿que tengo que entender?

—¿por que no te he hecho nunca el boleto bueno?

—¿por que eres un estafador?

—no, mujer, ni mucho menos. Es que...perdona...me cuesta mucho hablar de mis sentimientos.

—¿qué sentimientos ni que leches? ¿qué te estas enrollando? —pero su curiosidad empezaba animarse y el rictus de su rostro pareció relajarse un poco.

—pues... es que si te hubiera dado el boleto bueno...no hubieras venido más —ella abrió la boca sorprendida— y él continuó su improvisación— y yo es que toda la semana estoy esperando el momento en que entras por la puerta.— Ella seguía mirándolo sin hablar. De la ira había pasado a la sorpresa y ahora parecía incrédula. Desarrollando su papel se levantó y rodeó el mostrador para acercarse a ella.—desde el primer momento en que te vi he esperado una señal tuya para acercarme a ti y para abrirte mi corazón. No pensaba que fuera así.

—pero...—ella dió un paso atrás ya que él estaba ya a distancia de beso.

—yo pensaba que tambien te gustaba, que tu ridícula apuesta de los jueves era una excusa para venir a verme, todo el mundo sabe que la lotería no toca, y mucho menos jugándote un triste euro.

—no...no, en serio que yo no venía...

—ya veo que estaba muy equivocado, que no sientes nada por mi, que soy un ingenuo al pensar que una mujer como tu podía si quiera haberse fijado en mi...

—si me caes muy bien, pero no estoy preparada, es mejor que seamos amigos...—la estrategía funcionaba, ella se lo estaba tragando todo y empezaba a mostrar esa culpabilidad tan femenina. No obstante, no había posibilidad de polvo: había pronunciado la palabra maldita "amigos", pero ya se había metido en el papel.

—yo no quiero ser tu amigo, yo no quiero ser tu amante—le entraron ganas de reir al oírse recurrir a las letras de canción pero mantuvo la expresión de bobo desolado.

—no,no puede ser, si no nos conocemos...

—pues eso es...yo...me muero por conocerte

—no, no puede ser, tenemos que dejar de vernos...

—¡no! no te vayas todavía, no te vayas por favor...—tomó su mano entre las suyas y la acarició mientras la miraba a los ojos.

—si, me voy, no quiero hacerte daño.

—entonces... déjame, no me tortures con tu presencia —para entonces ella ya estaba llorando y era su mano la que acariciaba las de él.

—si, es mejor que me vaya.

—¡no por favor! —pensó en arrodillarse pero le pareció que era sobreactuar un poco y dió un paso más hacía ella que inevitablemente tuvo que retroceder acercándose así a la puerta. —al menos díme tu nombre.

—no, es mejor que no lo sepas, me voy. No volverás a verme. Te deseo lo mejor del mundo. Que tengas mucha suerte, que tu te la mereces.—y dramáticamente abrió la puerta, se detuvo unos segudos para mirarle y se fue.

El estalló en una carcajada y volvió a su sitio tras el mostrador para retomar el crucigrama antes de que se le olvidara el 12. Se sentía muy satisfecho de como había manejado la situación,estaba convencido de que tenía que haber sido actor. Se sentó en su taburete y agarró el boli. El boleto arrugado aún estaba sobre el diario, lo cogió y sonrío negando con la cabeza. Vaya loca. Vaya berrinche por que no le había tocado, además, es que ¡ni siquiera le había dado tiempo a comprobarlo! Y eso hay que hacerlo siempre antes de deshacerse de cualquier boleto o cupón, ¡vamos!, ¡hay que comprobar hasta las tapas de yogurt! Se levantó del taburete y se dirigió al lector con desgana. Al leer el mensaje estallo en una carcajada que hizo vibrar los cristales. Nunca completó el crucigrama.

calvo de la loteria

Que la suerte os acompañe.

09 June, 2009

La primera vez. O de cómo dejarse llevar

Me tomó de las muñecas y tiró con firmeza. Cuando estuve lo suficientemente cerca me abrazó. Al principio logré mantener mi rigidez habitual en un vano intento de resistirme. Pudor. Vergüenza. Timidez. No se, pero al final, por primera vez, me dejé llevar. Nos miramos fijamente, mientras sus manos me tomaban por la cintura y acercaban mi cuerpo a él.

Y empezamos a movernos.

Al principio su ritmo y el mío eran distintos y eso nos hacía avanzar algo torpemente, pero él me guiaba con seguridad y destreza y pronto parecíamos un único cuerpo. Yo me dejaba llevar. Giramos con las piernas entrelazadas en un caprichoso zigzag. Sus manos no estaban quietas, dibujaban lentamente el perfil de mi espalda, descendiendo desde el hombro hasta llegar a mi cadera haciendo que se me erizara la piel mientras mi cuerpo respondía a las ligeras indicaciones de sus dedos. Sus brazos me atraían y me alejaban sin encontrar la más mínima oposición, como si mi cuerpo únicamente respondiera a su inercia. Apelando al erotismo y la sensualidad, desde el primer momento había insistido en que llevara tacón de aguja y de nada habían servido mis peregrinas excusas. Ninguno de los dos parpadeaba más de lo necesario. Ninguno de los dos apartó la mirada del otro. Yo, con el corazón acelerado, me dejaba llevar por sus movimientos expertos. Flotaba. Su precisión no restaba belleza a sus movimientos. Mostraba una espontaneidad de experto. Nos acercábamos al final.

Y el ritmo se aceleraba.

Casi volábamos. Habíamos perdido el contacto con el mundo. Rodeé su pierna con la mía. Me arqueé. Dejé caer mi cabeza. Cerré los ojos y en ese mismo momento acabó la canción. Se acercó el profesor. “¡divinos!, ¡Eso fue tango!

286949181_ef812955f3

05 June, 2009

DESOLADORA INSOLACION

realEclipseok

Se resignó a la caries, e incluso a verse en el espejo, pero nunca confió en acostumbrase a su propia sombra. Siglos de nocturnidad para al final claudicar a la luz del día como un vulgar humano. El vampiro se protege con unas gafas de sol y una gorra de béisbol que le confieren un aspecto anacrónico. Y algo ridículo. Arrastra los pies. Desolado. Ni sus poderes ni su prestigio le han permitido salir de la terrible encrucijada. El viento sopla en su contra. Los aires modernos soplan en su contra. No hay otro remedio. El es el último vampiro y aunque su instinto le exige continuar, su orgullo no acepta la humillación de un trato de especie en extinción.

Trató en vano de adaptarse a los nuevos tiempos . A esos que le han expropiado el castillo, su hogar, para convertirlo en un parque de atracciones terriblemente iluminado y lleno de críos maleducados que lo toman como un viejo y ridículo actor a punto de jubilarse. Inútil tratar de seguir como hasta ahora. La sangre actual es demasiado peligrosa y menos nutritiva que nunca. Él, que resistió indemne a terribles epidemias de cólera, a la peste negra, a las hambrunas…no es mas que un cuerpo enclenque y famélico envuelto en una vieja capa que compra con receta médica bolsas de plasma insípido en esas farmacias asépticas. No más cuellos sabrosos.

pasion_flameante

Se detiene unos instantes ante la casa de empeños. Observa a su alrededor pero no encuentra nada que le haga cambiar de opinión. Acaricia por última vez el incunable que ha sacado a escondidas, como un vulgar ladronzuelo, de su propia casa, huele sus páginas, observa la delicada tipografía, recuerda todas las noches que pasó las páginas esperando que llegara el momento de salir. Por primera vez en siglos y siglos, una lágrima resbala por una mejilla pálida y huesuda. Respira hondo. Un vampiro que llora merece morir.

Huele a Netol[1]. El dependiente levanta la vista. Cuando lo reconoce, rápidamente recoge los pequeños utensilios metálicos que estaba limpiando.

-Ha venido, -dice con gravedad- ¿está seguro de qué quiere hacerlo?

-Si, no hay vuelta atrás

El vampiro siente una punzada de dolor, algo desconocido para él, al dejar el libro en el mostrador. El dependientecruz, en atención a su digno y desolado cliente no lo toma para examinarlo como es costumbre, y desaparece en la trastienda. Segundos después vuelve a aparecer muy serio. No se atreve a mirarlo a los ojos. No es miedo. Es consideración. Emocionado, suspira y por fin le entrega al último vampiro un reluciente crucifico de plata[2].

-Suerte amigo

 


[1] El Netol es un producto que se utiliza para abrillantar metales

[2] No existe acuerdo entre los estudiosos acerca de la infalibilidad de la cruz de plata como arma mortal contra los vampiros, no obstante en algunas regiones europeas se las considera el arma más efectiva por delante de la estaca de madera.

11 March, 2009

4 MILLONES

Llevábamos meses trabajando. Todo estaba preparado. Había empezado poco después del verano cuando las previsiones empezaron a mencionar la cifra de los cuatro millones de parados. Se calculaba que eso sería después del verano siguiente. Buscamos la forma de utilizar ese dato dándole un toque humorístico. Era inverosímil pensar que podríamos mantener la atención de los espectadores durante todo un año, solo dándole vueltas a la crisis con malas noticias y la pesadez de los datos y las cifras. Le dimos vueltas y vueltas y al final tuve una idea. Posiblemente la idea de mi vida. En seguida interesó a todos. Incluso recibí un mail del director de la cadena felicitándome por mi creatividad. Me nombraron líder del proyecto y me asignaron un equipo y un presupuesto espectacular. Era mi gran oportunidad. Conseguimos todos los permisos y la colaboración de las instituciones. La prensa escrita se interesó por el proyecto, a esas alturas todos los periodistas necesitaban un tono más positivo. Los analistas escribieron artículos destacando como siempre había gente imaginativa con capacidad de sacar provecho de la crisis. Se había creado un clima de gran expectación. Los programas de corazón de la cadena metían su cuña ávidos de recibir un nuevo personaje con el que llenar horas y horas de cotilleos y falsas revelaciones. Todo el mundo esperaba el día D.

Y el día D llegó. Habíamos desplegado una cobertura digna de elecciones generales. Todas las oficinas de empleo estaban cubiertas con un cámara y un reportero. En las de las zonas especialmente azotadas por el desempleo había además periodistas de otros medios. La Seguridad Social hacía días que nos había dado un acceso restringido a su sistema de forma que seguíamos al minuto la evolución del paro, que seguía aumentando al ritmo de 5.000 personas al día. Durante toda la semana la cadena había puesto un rótulo en todos sus programas con la cantidad de parados del momento: 3.980.000, 3.987.867…Los funcionarios del INEM colaboraban desinteresadamente y cada oficina había preparado su show especial tratando de ser la afortunada. Y por fin el día D. Iba a ser un premio madrugador, el día anterior se había cerrado con 3.998.350, así que esperábamos tener al afortunado poco después que abrieran las oficinas. La empresa había puesto a nuestra disposición un avión privado de forma que en un par de horas pudiéramos estar en la provincia qua acogiera el parado 4 millones y entregarle el premio, un subsidio vitalicio de 3.000€ mensuales, entrevistarle en la puerta de la oficina y rápido meterlo en el avión, para llevarle a los estudios, y empezar así con la ronda de programas habituales para los participantes de cualquier reality-show, mientras los reporteros de calle entrevistarían a sus vecinos, sus familiares, ex -compañeros de trabajo etc. en busca de episodios escabrosos de su vida.

A las 10.25 recibí la llamada: -lo tenemos.

Nos pusimos en marcha, la oficina estaba en la ciudad así que en 10 minutos en coche estaríamos allí. Una lástima, por que lo del avión privado le daba espectacularidad, pero así nuestra gente pudo convencer a la funcionaria de que fuera 10 minutos a tomar un café antes de acabar los trámites, que, después de todo, él no tenía prisa que estaba parado y que así llegábamos nosotros.

Llegamos a la oficina que estaba en un barrio obrero y por tanto muy afectada por el paro. Ante la puerta se agregaba una pequeña multitud entre parados, curiosos y algún que otro periodista. Entramos en la oficina. Salió la oficial a recibirme con cara de “yo se lo que hay que hacer” y me dijo: -vamos a decirle que repita la entrada y así lo filmáis. El 4 millones estaba sentado en una silla de plástico mirando al suelo. La oficiala me guiñó un ojo. –“no sabe nada” y se le escapó una risita. –“verás lo que hemos preparado”. Se dirigió al señor y le dijo: -“¿podría ud salir y volver a entrar que estamos probando las cámaras de seguridad?” El señor levantó la vista, pareció extrañado de que se lo dijeran a él con todo el follón que tenía alrededor pero no dijo nada y salió a la calle. Nos pusimos en marcha y empezamos a filmar antes de que el entrara. Aquello fue espectacular, tal como entraba toda la gente estalló en vítores y aplausos, Los funcionarios sacaron de debajo de sus mesas toneladas de confeti y serpentinas, de algún sitio apareció un coro rociero y alguien sacó botellas de champán. Espectacular. Habían llegado decenas de unidades móviles de radio y de televisión y la pequeña multitud creció tanto que la policía tuvo que cortar la calle. Alguien lanzó el rumor de que el Ministro de Trabajo estaba de camino, pero la verdad es que nadie lo vio. Pasados unos minutos todo se había serenado lo bastante como para hacerle las primeras preguntas y convertirle ya en un personaje.

-¿Cómo se llama Usted Caballero?

-José López

-¿Y sabe Vd. que es el parado numero 4 millones?

-Pues no-sin ningún entusiasmo

-¿y tampoco sabrá entonces que acaba de ganar un subsidio vitalicio de 3.000€?

-Pues no.-sin ningún entusiasmo

-Bueno José, -no tuve más que resignarme y cortar- sin duda está demasiado nervioso y cohibido por las cámaras como para reaccionar, acompáñenos al plató y allí seguiremos la entrevista. Y a ustedes, queridos espectadores, también les esperamos para acabar de conocer a este nuevo protagonista.

El tal José era el personaje más anónimo que nos podía haber tocado, no había por dónde cogerlo, le preguntábamos por su infancia, nada, familia de 5 hermanos, él el mediano, educado en una meticulosa rutina sin episodios interesantes, estudiante regular, adolescente aburrido. Adulto básicamente soso, trabajando en un Call Center . Sin vicios, asiduo a un restaurante de menús baratos, sin posicionamiento político, alejado de fanatismos deportivos…Le preguntamos absolutamente por todo, que le gustaba para comer, como eran sus amigos, si se había peleado con algún vecino, si tenía alguna ex enfadada. Nada, no conseguimos ningún dato interesante, ni siquiera algún dato que lo identificara. Llegamos a preguntarle si tenía alguna alergia seria para provocarla y al menos tener algún titular tipo ”el parado 4 millones hospitalizado por un ataque de asma” pero nada de nada, no había por donde sacar suco. Y para más inri cuando le preguntamos que iba a hacer con ese sueldo, nos dice, “yo es que gasto muy poco, lo ahorraré para la jubilación, para pagarme una residencia”. Ni un viaje, ni un capricho, ni una afición curiosa, nada de nada. Total, nadie lo quería entrevistar, no lo invitaron a los programas que se habían previsto. Fue el mayor fracaso de la cadena en mucho tiempo y yo era la que había presentado el proyecto, así que, según la política de la emisora, la culpable era yo. Y aquí estoy. En la cola del paro. Me va a tocar ya, creo que van por el número 4.001.002, así que a lo mejor tengo suerte y me toca un capicúa..

26 August, 2008

TOPICAS VACACIONES

A la hora del café, los señores trajeados de la planta más alta bajan al bar de la esquina. Es el único de la zona que tiene terraza y, durante las vacaciones, al menos un par de ellos han retomado el denostado hábito de fumar. Es el segundo día tras las vacaciones para los seis, pero se les ve relajados. A los ejecutivos la rutina laboral les relaja, ese es su estado natural, días ajetreados y bien organizados. Sin ese levantarse sin saber que hacer en un apartamento en la costa o ese cansado deambular por destinos turísticos más o menos exóticos con viendo souvenirs de todo a 100, o ese sentirse encerrados en un yate de 15 m de eslora. La aburrida conversación de sus mujeres empeñadas en reavivar un romanticismo naufragado años antes, las continuas pataletas de los niños...

Sin embargo, la conversación no deja entrever esa realidad. Ninguno de ellos aceptará jamás que teme las vacaciones. Que año tras año, apenas llega al destino escogido se siente decepcionado, que ya el segundo día consulta su agenda electrónica y que la ausencia de mensajes le produce un vacío incómodo. Casi es mejor perder la cobertura y que ese vacío quede ocupado por una gran desazón o inquietud. No. Cada uno habla satisfecho de su destino. Ninguno hace mención de los aburridos paseos al atardecer con su mujer, o de lo pesados que son los niños aprendiendo a nadar "mira papa" "papa báñate" "papá una carrera"...Y sin embargo una y otra vez, miran a uno de ellos, algo más joven, unos 45, y le recriminan su pasividad, su vida de soltero ermitaño, su falta de actividad, de curiosidad...

El no dice nada, pero por dentro ríe a carcajadas. Recordando el anuncio que puso en la página de contactos del periódico de mayor tirada.

"Se buscan señoritas de compañía de distintas nacionalidades. Buena presencia. Dotes artísticas. Creatividad. Cocina. Imprescindible mayores de edad"

El "casting", telefónico, duró una semana. Recibió decenas de llamadas de múltiples acentos. A cada una le preguntó por los tópicos de su país. ¿Bailas samba? ¿Sabes preparar mousaka? ¿sabes hacer masajes? ¿sabes bailar la danza de los siete velos? ¿haces gimnasia rítmica?

Escogió a cinco. Les ofreció a cada una pasar 2 días con él por un muy buen precio. Ellas tenían que preparar una perfomance típica de su país preparar una comida y una cena tradicional de su país, explicarle algo de su vida y pasar una noche con él.

eye

Sin duda habían sido las mejores vacaciones de su vida. Una tras otra, las chicas se habían presentado algo incómodas por que la propuesta no era habitual, pero él las había tratado muy bien y pronto se había establecido una complicidad entre ellos que no era habitual en su trabajo. Las había escuchado hablar de su vida, de como habían crecido, de como unas habían escapado de una sociedad que las oprimía y de como a otras las habían engañado, de lo dura que era su vida y de las situaciones que tenían que enfrentar cada día. Las había escuchado con atención y respeto, sin morbo. Ellas habían olvidado que estaban trabajando. Por una vez, se habían sentido cómodas y había sido divertido prepararle una cena de su país amenizada con alguna danza o alguna canción típica, o incluso tópica.

El se había sorprendido sintiéndose culpable por mercadear con aquellas mujeres. Eran las reglas del juego, ellas vivían de eso, pero hablando con ellas, se preguntaba que hubiera pasado si aquella conversación no hubiera sido comprada, si hubiera sido fruto de un encuentro casual, ¿no se hubiera enamorado de alguna de ellas? Una tras otra le habían enriquecido, le habían abierto su mente, de cada despedida había tenido un punto de emotividad. A una de ellas que realmente le había gustado, le había dicho "te llamaré" como se lo hubiera dicho a una novia reciente y ese "te llamaré" había sonado raro. No estaba pensando en llamarla como profesional, ¿pero podía llamarla de otra manera?. Ella también pareció desconcertada.

Cerró la puerta tras la última chica con una mezcla de sentimientos. Había un punto de culpabilidad, pero sobretodo sorpresa, cariño, empatía por aquellas chicas, sin duda las mejores personas que había conocido en mucho tiempo.

En la mesa pagan los cafés y se oyen un par de lamentos fingidos. "que dura es la vuelta al trabajo". Uno le da una palmada en la espalda "Mira que tirarte dos semanas encerrado en casa, ¡con la de mundo que hay que ver!" . Él sonríe y la sonrisa, como no podía ser de otra manera, le da un aire a Richard Gere en una película tontorrona.

14 May, 2008

Escritor de café (2)

Llegó abrumada a la cafetería. Había tenido una reunión con su padre. ¡Una reunión! No una discusión después de la comida, no una discusión acerca de que canal se veía aquella noche, no una discusión acerca de si iba vestida como una puta o que horas de volver a casa. ¡Le había enviado un SMS citándola en su despacho para una reunión! Ella ni siquiera imaginaba que su padre supiera enviar un SMS, de hecho estaba segura de que lo había enviado su repelente secretaria después de comprobar la agenda.

Pidió un cortado. Tenía 2 semanas. Sin duda su padre estaba atravesando la crisis de los 60. ¿60? ¡No! Debía haber cumplido ya los 62. No estaba segura, de cualquier modo se acercaba la jubilación. Nunca se había planteado que pasaría en es momento. Ella se sabía heredera de un par de pisos en el centro, una casa en la playa y un apartamento en la montaña, pero nunca se había parado a pensar que haría ella el día de mañana y, ni mucho menos, en que pasaría con la editorial. Nunca jamás se había imaginado como editora y ahora su padre le proponía enseñarla a dirigir el negocio. No era mala idea, era un negocio que daba pasta y ella se veía capaz, y sin duda su padre, analítico y previsor hasta la exageración también pensaba así, si no, no hubiera contado con ella, la hubiera vendido a un buen precio asegurándole a ella unas rentas o se hubiera quedado al mando hasta que la muerte lo encontrara en su despacho.

Pero, si la veía capaz, ¿a santo de que ponerle un proyecto de prueba con un plazo de dos semanas? Sabía que su padre cumpliría su promesa, ¡su amenaza! Y si ella no le presentaba un proyecto con cara y ojos, donaría su empresa a una fundación que él mismo crearía. Pese a ser un hombre de negocios, su padre tenía un componente filantrópico y una generosidad muy importante.

Había una parte en ella que se resistía a seguirle el juego, a decirle abiertamente que pasaba, que hiciera lo que quisiera con la editorial, pero enseguida surgían voces que clamaban al orgullo propio y a la tradición familiar, y sobretodo, ella quería muchísimo a su padre y sabía que él contaba con ella, no quería defraudarlo. ¿Pero de dónde narices sacaba ella un proyecto? Hacía años que no leía, jamás había escrito nada y tampoco conocía a nadie que lo hiciera.

Un golpecito en la espalda la arrancó de sus pensamientos. “Perdón” Se giró algo molesta a ver que pasaba. Un chico había entrado en la cafetería con tres grandes pizarras. Un camarero le saludó con un afilado “Hombre, por aquí viene el escritor” “Vete a tomar por culo. ¿Dónde está la escalera?” Ella observaba la escena con curiosidad. El chico se subió a una escalera y descolgó las tres grandes pizarras una a una y las sustituyó por las nuevas. Se fijó en la caligrafía. Solo alguien que amara las palabras podría tratar con tanto mimo las letras. Aquellas ofertas, más que un reclamo parecían caricias escritas. Se fijó en el chico de las pizarras. Era guapo. Él, que recogía las pizarras antiguas, también la miró y se sacudió la tiza, que le había manchado la camiseta, con cara de circunstancias. Ella sonrió señalando las pizarras. “Que letra más bonita”. “¿Lo has escrito tú?” Él, con un escalofrío respondió “Sí”. Ella alargó la mano y cogió un par de servilletas de papel. "¿Podrías escribirme algo?".

12 May, 2008

ESCRITOR DE CAFÉ

El responsable de zona era un tipo seco. Eso cuando no había problemas. Como todos los días que los visitaba pidió un café y procedió con su inspección del local, alternando instrucciones y preguntas.

-Este cuadro está torcido. -¿Os falta algo? -Hay que limpiar esta moldura, tiene polvo. -¿Cómo vaís de propinas? -Os he traído un par de variedades de té nuevas. Y vasos y balletas... -¿quién ha escrito esta pizarra?.

Se quedó helado unas décimas de segundo pero en seguida levantó la mirada del trozo de barra que estaba limpiando con un trapo. Los restos de la tanda de las 9.

Aterrorizado leyó el menú de cafés e infusiones en busca de alguna falta de ortografía. Tan solo había algún acento mal puesto.

-Yo.

-¿y se puede saber dónde has aprendido a escribir con esa letra de niña? ¿ibas a un colegio de monjas?

No respondió. No comprendía las preguntas. El otro probaba ahora los taburetes de la barra que estaría desierta hasta las 10. Comprobaba que ninguno de los taburetes tuviera ese desagradable balanceo que tienen a veces los taburetes giratorios. Después revisó los servilleteros de las mesas y los arqueos de caja. Solo entonces se acercó a su café y dió un sorbo.

-Está frío. - siempre decía lo mismo. -Hasta la semana que viene.

Y se fue, como siempre pretendiendo estar muy ocupado, aunque, todos sabían que su jornada había terminado.

Unos días más tarde, uno de sus compañeros le avisó de que le llamaba la de Personal. En aquella empresa no había un departamento de Recursos Humanos, estaba la de Personal. Se acercó al teléfono y le pasaron el auricular con un estremecedor "la has cagado chaval". Sin embargo, al otro lado de teléfono tan solo le preguntaron:

-¿Te interesaría ser escritor?

El corazón le dió un vuelco. De más joven, cuando hacía campana en el instituto, solía refugiarse en una cafetería cercana. Cuando no había nadie con quien echar un futbolín, empezaba novelas de ciencia ficción en servilletas de papel. Siempre se las guardaba en el bolsillo de los vaqueros con la intención de acabarlas algún día, pero esto nunca ocurrió. Quizá por que invariablemente todas acabaron en la lavadora, su madre nunca consiguió que él o su padre vaciaran los bolsillos, y ella nunca pudo entretenerse en ello.

-Si.

-Pués pásate por aquí mañana.

Imaginó que los del marketing de la cadena de cafeterías se traerían algo entre manos. Quizás en lugar de la prensa diaria hubieran decidido crear su propia revista. El podría escribir pequeños relatos que intercalarían con anuncios del Te de Uva Roja o del Capuccino Vienés. Pequeños relatos, anécdotas de los clientes, artículos acerca de la historia y el cultivo del café. Últimamente se oían muchas críticas contra las prácticas del comercio (insolidario) del café y quizá querrían hacer un lavado de imagen.

Durante el resto del día se fijó en los clientes de un modo distinto. No trató de recordar su consumición habitual como solía hacer. Los vió a todos como protagonistas de una historia que él tenía que escribir. Se le ocurriría un final feliz para esa que por las mañanas parecía entristecerse con cada sorbo de café hasta que cerraba el diario con un suspiro y se iba al trabajo. Se le ocurrió un castigo travieso para el de la gabardina, que, en todos los años que hacía que se tomaba el café allí, no había dejado ni un céntimo de propina, ni siquiera había dicho nunca buenos días. Aquella noche el café le quitó el sueño.

Llegó a las oficinas temprano. No se había afeitado y se había vestido con sus mejores galas bohemias. Se trataba de parecer un escritor de café, pero nada más verle, la de personal lo miró de arriba abajo sin ocultar un gesto de reprobación. Él se pasó la mano por la mejilla, pinchaba. Quizás parecía más de taberna que de café.

-Acompáñame.

La siguió hasta el almacén. Había 4 pilas de pizarras, Por lo menos había 100. Cerca había una mesa con un teléfono y un puñado de tizas que no le gustó. La de personal llamó por el teléfono.

-¿me traes eso?

Una chica apareció corriendo con un papel en la mano.

-Se tratará de cambiar las pizarras de todas las cafeterías una vez por semana. En realidad diremos lo mismo pero con nombres distintos cada vez. Y una oferta de la semana. Ésta es la lista y ésta la oferta de la semana que viene. La copiarás en cada pizarra, sin faltas y con buena letra. Los viernes las repartirás con la furgoneta y recogerás las de la semana anterior.

Por un momento el suelo pareció temblar. Luego, pensó que era una forma como otra de cumplir su viejo sueño. Después de todo, sus historias siempre le parecieron poco originales y repetitivas. Como los menús.

29 April, 2008

MATAR LAS HORAS

Se levantó con un único objetivo: matar el tiempo. Nunca jamás antes había tenido esa necesidad, sin embargo hacía días que ese instinto criminal se había apoderado de todos sus movimientos.
En vano trataba de fingir, tras sus pasos caía un reguero de horas muertas.
Sin embargo el tiempo se resistía, y avanzaba con paso firme a un ritmo apenas imperceptible. De nada servía quedarse inmóvil en el pasillo, el tiempo se colaba por los lados, por entre sus piernas, por encima de ella. Tampoco servía adelantar el desayuno, el almuerzo o la merienda, igualmente llegaba la hora de comer, la de merendar, la de la cena...
Trató de refugiarse en un museo de historia, de sentarse en un pedestal con cara de momia egipcia, pero no tardó mucho en aparecer un guarda avisándola de que había llegado la hora de cerrar.
Pensó en las veces que había lamentado lo rápido que pasa el tiempo cuando en realidad, el tiempo nunca acababa de pasar.
Trato al menos de apresarlo, de mantenerlo como rehén, de someterlo a sus órdenes, de arrastrarlo con ella. El tiempo es escurridizo y le costó un poco, pero al final tras una encarnizada lucha contrarreloj, lo atrapó.
Se entretuvo pensando dónde era más seguro fijarlo, el viernes parecía una buena opción, pero aún quedaban un par de días y dudaba de poder mantenerlo distraído hasta entonces. Bajo la guardia solo un instante y el tiempo le arreó un mordisco a la tarde, que se convirtió en un agujero negro en su memoria. Raccionó rápido, y esta vez se lo ató a la espalda sin dejar de pensar que hacer con él.
En esas, le dió por mirar el reloj que llevaba en la muñeca. Con tanto contratiempo se le había hecho tarde.

30 March, 2008

A.M.E.N

mask2

Áquel se llamaría Rául Vargas Montoya, le haría un árbol genealógico que descendería desde el mítico patriarca Manuel, le conseguiría una furgoneta y caravana y le darían un permiso de vendedor ambulante para alguna ciudad del Norte. Abrió el siguiente expediente. AM. Una mujer. Rumana. Rubia, ojos azules, escapada de un prostíbulo en el que la tenían secuestrada, nombre nuevo, Irina Comaneci, origen búlgaro, le darían un curso de peluquería y le buscarían un local en la costa del sol. Continuó, A.L. había delatado a compañeros de rezos implicados en una trama de terroristas islámicos, ingeniero informático, varios idiomas, casado con dos niños, podría pasar desapercibido con traje y corbata en alguna delegación provincial de alguna empresa pública, no obstante él y su familia necesitarían guardaespaldas. Federicco Cipriani, colaborador habitual de la policía, ya llevaba 3 o 4 cambios de vida, no podía evitar meterse en follones y solucionarlos con sus chivatazos, necesitaba sentar la cabeza, quizá con un negocio, una pizzería en el cinturón de alguna gran ciudad..

Hizo una pausa para tomar el café. Comentó con sus compañeros el desastroso partido de su equipo. Desde la esquina de la cafetera vió como le dejaban unos cuántos sobres lacrados en su mesa. Cada sobre encerraba una vida que debía ser sustituida sin dejar pistas. Su mesa era origen y final. El hacía y deshacía vidas constantemente. Hacía años que había renunciado a la creatividad y solo era capaz de dar vidas mediocres a sus casos. Se limitaba a sacarlos del medio y llevarlos a un lugar apartado y seguro. Volvió a la mesa y echó un vistazo a los nuevos expedientes. Lo de siempre. Chivatos. Testigos accidentales de crímenes. Mujeres que escapaban de la esclavitud. Mafiosos arrepentidos...

De repente se le cortó la respiración. Reconoció su cara, su peso, su altura, sus iniciales. Era él. Profesión: funcionario. Estado Civil: soltero. Lo habían incluído en el programa de protección de testigos. Esta vez como testigo protegido. Tenía que desaparecer. Conocía demasiados secretos y llevaba demasiados años en el cargo. Le decepcionó un poco ver que lo habían calificado con un "importancia normal-baja".

Nunca se había planteado los riesgos que entrañaba su trabajo. Indirectamente todas las mafias del país tenían alguna cuenta pendiente con él por haber hecho "desaparecer" a sus traidores. Podrían torturalo hasta hacerle hablar o matarlo directamente. A él, que era una especie de Dios Salvador. Se puso manos a la obra sin perder un instante. Se dió un nuevo nombre, Antonio Miguel Estrella Navas (A.M.E.N.) se consiguió una diplomatura en Turismo y un máster en Relaciones Públicas. Se abrió una cuenta a su nuevo nombre en un banco suízo y se hizo una transferencia de un par de millones de euros. Compró un pasaje a Costa Rica. Reservó quirófanao en una clínica de estética, antes de irse aprovecharía para acabar con aquella dichosa nariz y esa mandíbula siniestra. Se vió con su nueva cara de galán de cine y un floreciente negocio en una playa de arenas blancas y sonrió. Encargo unas cuantas docenas de hamacas y sombrillas. Y siguiendo el protocolo borró todas las pistas.

Se despidió de sus compañeros diciendo que le había surgido un imprevisto y se fue. Sus compañeros creyeron que no los había oído reír.

Ellos no lo oyeron reirse a él. A carcajada plena.

22 February, 2008

SUEÑOS

Sus ojos se van cerrando poco a poco. Alrededor, las tiendas abren sus persianas con un gran bostezo. Centenares de personas pasan frente al banco de madera verde donde un bulto acurrucado bajo una manta de color indescriptible, se deja llevar por unas manos desconocidas pero familiares. Esas manos lo arrastran firmemente pero sin brusquedad a otro sueño. Un sueño de adolescente en otro banco. Un banco en una Plaza Mayor de piedra vieja. A una borrachera de vino barato fiesta mayor que acaba en un banco de madera.

La plaza del banco es cuadrada. Dos bancos de madera en cada lado. Cinco de ellos ocupados por bultos acurrucados que sueñan. Dos de ellos, sueños ardientes en la madrugada fría, uno, un simple sueño cotidiano, otro, se retuerce en una pesadilla muda, y el último, el quinto, el del banco más cercano a la fuente, simplemente sueña. Sueñan los cuatro hasta que les despiertan las campanas de la iglesia. El quinto, el que dormía junto a la fuente, se queda atrapado en el sueño, y seguirá soñando hasta bien entrada la tarde de su vida.

El quinto, sueña con caminos y bancos verdes en plazas de ladrillos rojo, en plazas encaladas decenas de veces, en plazas duras y soleadas, en plazas con parterres y en plazas con palomas. Y sueña con él de plaza en plaza, de banco en banco, de sombra en sombra. Y en su sueño, se despierta, se levanta y echa a andar por el mundo buscando plazas y plazoletas y placitas que descubrir. Empezó andando rápido, rápido. Quería llegar enseguida a todas partes. Su vida, aun prácticamente entera ante él no le parecía bastante tiempo para todo su sueño interminable.

Rápido, rápido durmió en muchos bancos de madera pintada de verde en plazas de piedra vieja de su provincia. Plazas cuadradas envueltas de pórticos sombreados bajo regios edificios de dos o tres pisos de balaustradas. En aquellas plazas de piedra clara, solían haber mercados una o dos veces por semana, y le sorprendió la generosidad de los tenderos. Un año apenas le llevó disfrutar del sueño de su provincia y alrededores. Solo una vez, una inoportuna gripe que pedía a gritos las atenciones de mamá, y un bolsillo arruinado, que contaba con la baza de las arcas de papa, le llevaron a casa unos días. Pero su espalda no aceptaba ya el sueño cómodo de una cama. Un banco de madera o un manto de césped municipal eran su única posibilidad de descanso.

Y salió de su provincia a buscar más plazas y a dormir en más bancos no soñados todavía. Y en los bancos, un buen día empezó a soñar puertos y, ya despierto en su sueño, se fue a ver puertos. Cogió berberechos, pescó sardinas y escabechó atunes. Cosió redes y limpió cubiertas y subastó merluzas. Y soñó puentes, una noche mientras dormía entre dos barcas abandonadas en una playa de arena fina.

Cuando despertó del sueño, el sueño lo llevó, despierto, a ver puentes, Cruzó puentes de madera enmohecida que crujían sobre ríos verdes. Caminó sobre arcos de piedra antigua. Atravesó puentes colgantes. Soñó bajo puentes de cemento. Vió puentes colgantes, puentes levadizos, pasarelas de caña y cuerda, y puentes derruídos, Y una noche que dormía bajo un puente feo de ladrillos rojos apenas disimulados por una capa de hiedra, soño con una ciudad, con gente que subía y bajaba las calles. Con coches, con edificios altos, con ruído. Y se fue a una ciudad. Y no le gustó, por que no podía soñar, pero se quedó un rato para ver a la gente. Allí la gente siempre iba a sitios, pero no iba donde soñaba que iba. Iba a trabajar, iba al médico, iba a comprar, iba a la peluquería, iba al colegio, y la gente siempre tenía prisa, pero no para soñar más, sino para no soñar. El solo iba donde soñaba que iba, y cuando llegaba soñaba que iba a otro sitio y se iba.

Y cuando en la ciudad él se echaba a soñar en un banco o un portal, veía que la gente pasaba junto a él sin atreverse a mirarlo. Con la vista clavada en el horizonte oculto tras la cera de enfrente, pretendían que no lo veían. Solo algunos lo miraban de reojo preguntándose si le pasaría algo, si no estaría enfermo o incluso muerto. Seguros de que deberían acercarse y ofrecerle ayuda, seguían su camino sintiéndose culpables, tratando de olvidar ese bulto inmóvil bajo una manta de color indefinido. Otros lo miraban con una mirada de reproche, incluso de odio. Aquellos eran los que como él, soñaron de adolescentes. Soñaron que se iban y vivían sueños, pero al despertar, olvidaron su sueño.

Y él apenado por ellos, por los que no sueñan donde iran ni van donde sueñan, se acurrucó un poco más, y cerró los ojos mientras la mañana despertaba a la ciudad. Pantanos. Pantanos verdes. Pantanos rojos de otoño.

14 December, 2007

NAVIDAD 3

Estaba cansado y decidió no ir a trabajar. Andaba sin fijarse en nada de lo que pasaba a su alrededor, como si estuviera rodeado por un manto de niebla.. Los que se cruzaban con él miraban sorprendidos las luces enrolladas en su muñeca a modo de pulsera. (Que raro que no lleve una bolsa). Algunos se fijaban en su cara, ojeroso, pálido y con la mirada perdida, parecía un loco callejero de los habituales en el centro de cualquier ciudad. Hubiera preferido coger un taxi pero no llevaba dinero suficiente y no le apetecía entrar a un cajero, así que cogió el metro. El vagón iba lleno de como todas las mañanas en que la gente tiene que ir a trabajar o a estudiar. El sintió que iba en dirección contraria, ellos iban y el volvía. En cada parada subía y bajaba gente pero parecía que nadie se moviera, que los pasajeros fueran siempre los mismos.

Justo antes de salir del túnel al andén de la estación en que tenía que bajarse, el tren se detuvo. El vagón a coro emitió un chasquido con la lengua, miró el reloj y hizo un gesto de impaciencia. Un par de minutos después el vagón quedó sumido en una oscuridad total. Los pasajeros aferraros sus bolsos, sus mochilas o se llevaron la mano al bolsillo trasero para asegurar que su cartera seguía allí y se quedaros muy quietos, por miedo a tocar algo que no debían, y muy callados, por que no sabían si nadie les escuchaba.

El silencio y la oscuridad lo sacaron de su ensimismamiento. Nadie pudo ver como arqueaba las cejas. Sin duda estaba atrapado en un bucle que lo llevaba de una nada blanca a una nada negra. Se había salido de su realidad. El un hombre práctico, amante de la técnica y de las cosas claras había entrado en una dimensión irreal. O surreal.

Al fondo del vagón se formó un revuelo. Nadie sabía que pasaba. La gente se asustó y empezó a gritar. Docenas de “ ¿qué pasa?” asustados atravesaron el vagón. Alguien dijo, “tranquilos, una chica se ha desmayado” “será un ataque de ansiedad”. Alguien por fin rompió el hielo y lanzó un grito desesperado “qué abran la puerta, me ahogo”. El vagón se agitó. La gente picaba en las ventanas. Trataron de forzar las puertas, no pudieron abrirlas. Unos minutos más tarde se encendieron unas tenues luces de emergencia. Justo en ese momento una rata pasó frente a la ventana por unos cables que avanzaban por la pared. Una mujer grito espantada por el brillo de los ojos de la rata. El vagón enteró gritó asustado sin saber que pasaba.

Él, mantenía la calma. Repasó el paseo de la noche anterior y su sueño bajo las luces, que todavía llevaba enrolladas en la muñeca. No trató de entender nada, pero por la cabeza se le pasaron unos cuantos guiones para una película mala de Navidad. Mientras el vagón se caldeaba. La gente se había puesto nerviosa. Las luces de emergencia alumbraban lo suficiente para ver caras aterrorizadas. Los ataques de ansiedad o de pánico, los desmayos y las taquicardias se desplazaban por el vagón como los virus de la gripe.

Sin ser consciente de que lo hacía, él se desasió del poste al que se agarraba desde que subió al vagón. Pidió a una señora que estaba sentada que se levantara. Ella entre asustada y aliviada porque alguien tomara la iniciativa, lo hizo sin rechistar. Él le entregó un cabo de la guirnalda y le pidió que se alejara todo lo que pudiera. La mujer no abrió la boca. Él se subió al asiento y de puntillas sacó la pantalla del piloto de emergencia, sacó la lámpara y como en una película de aventuras trajino con los cables hasta que las lucecitas azules empezaron a parpadear.

El vagón lanzó un ohhhh a coro y de repente todo el mundo se puso a aplaudir. Una madre le dijo a un niño asustado. “¿ves cómo no pasa nada? ¡si es navidad!”.

Y el niño, adoctrinado en el cole y en las sobremesas de Antena 3, se puso a cantar un villancico con una voz muy fina. Poco a poco el resto del vagón se unió a la canción con una sonrisa y la piel de gallina.

El se quedó de pie en el asiento mirando la escena incrédulo, sin entender nada, mientras por la cabeza se le pasaba la última estupidez navideña con villancico y lucecitas que había recibido por mail.

05 December, 2007

NAVIDAD 2

Era una noche fría, pero arropado por las lucecitas azules ni siquiera se dió cuenta. Aún con la cabeza entre las manos se quedó dormido. Tuvo un sueño extraño. Todo era blanco, como se supone que deben ser las Navidades. El no se reconoció en el sueño, apenas un niño flaco con una mirada curiosa bajo un flequillo despeinado.

El niño del sueño andaba en ese mundo blanco en el que no había nada más que el color blanco y él. Andaba y andaba. Si hubiera sido un adulto se hubiera cansado y se hubiera preocupado, entre todo ese blanco no había ninguna referencia que le confirmara que sus pasos eran reales. No se acercaba a nada y no dejaba nada atrás. Pero al niño del sueño todo eso le daba igual y no estaba cansado todavía.. El niño solo miraba atrás de vez en cuando porque todo era tan blanco que le daba miedo manchar algo y que le riñeran.

El niño no llevaba reloj, porque todavía era un niño y no le preocupaba saber cuanto rato llevaba andando, así que de nada servía tratar de soñar que miraba la hora, pero en un momento, que más da cuál, si fue ese en que el soñador de la plaza se pasaba la mano por la nunca, o ese en que se fundió una bombillita azul con un chispazo amarrillo, el niño encontró un cabo suelto. Lo cogió y estiró. Era una guirnalda de lucecitas azules. No se preguntó que hacían allí. Solo estiró. Pesaba. El cable debía estar enredado en un trozo de blanco pensó. Y estiró más fuerte, lo suficiente como para soltar el cable de donde estuviera atrapado. Lo sostuvo en sus manos. Las lucecitas parpadeaban levemente.

Eran lo único que tenía y como era un niño se puso a jugar con ellas. Corrió llevándolas como si fueran una cometa. Corrió tan rápido como pudo y las luces se elevaron. Debió correr en círculos por que las lucecitas formaron una espiral encima de él. Siguió corriendo, más y más deprisa y las lucecitas se elevaron tanto que las tuvo que soltar para no salir volando con ellas. Pronto desaparecieron de su vista.

Al niño le dio miedo que alguien le riñera por haber perdido las luces, así que se metió las manos en los bolsillos y se alejo silbando, por donde había venido o no, no lo sabía, pero es que allí no había caminos.

El del banco despertó. Amanecía y una niebla mañanera lo envolvía. Las luces estaban apagadas. Trató de moverse bajo ellas. Buscó un cabo suelto y lo encontró. Empezó a tirar de él deshaciendo la maraña de cables y bombillas bajo la que había dormido. Se enrolló la guirnalda de luces en el brazo y salió con él por la única salida que tenía la plaza. No estaba seguro de haber llegado por ese camino, pero daba igual, era la única salida. Se sorprendió al oírse silvar.

01 December, 2007

NAVIDAD 1

Aquella mañana, al pasar la página en la agenda se sintió libre. Había llegado Diciembre y había conseguido evitar todas las trampas. No participaba en ningún amigo invisible, no había comprado ningún décimo de lotería, no había escuchado ningún villancico, no había visto ninguna película mala de protagonista que no cree en Santa Claus, no tenía prevista ninguna cena de navidad con amigos, compañeros de trabajo o ex-compañeros de estudios, no había participado en ninguna conversación acerca de la logística y los menús de las cenas y las comidas familiares... Y no echaba a faltar nada de eso.

Envalentonado se decidió a salir a dar un paseo. Afortunadamente pocas calles estaban adornadas ya que los comerciantes y el Ayuntamiento no se habían puesto de acuerdo con quien pagaba los gastos. Era una tarde agradable para pasear, la crisis económica y un partido de fútbol que no le interesaba, mantenía a la gente lejos de las tiendas y no había aglomeraciones en el centro. Deambuló por las calles durante horas, alejándose de las calles anchas y buscando las callecitas estrechas con olor a orín fermentado y a humedad.

Sin saber como, su mente le jugó una mala pasada teniendo como cómplice a sus inquietas piernas. A la par que se adentraba en el laberinto de calles estrechas, sus pensamiento rebuscó en su memoria tratando de buscar el momento en que la Navidad comenzó a coger aquel sabor rancio que crecía con los años. Pronto se vio enredado en un mar de recuerdos que mezclaban su infancia, su adolescencia y su madurez. Un torbellino de luces de Navidad, de Villancicos desafinados, de figuras de barro, de discusiones a gritos, de buenos deseos, de nacimientos y de muertes, de regalos y de acusaciones.

Ya no paseaba, trataba de encontrar el camino de regreso. El orden de las calles anchas y los semáforos. Pero no encontraba la salida de aquel barrio desconocido. Su paso se apresuró, pero cuanto más rápido andaba más parecía alejarse de cualquier parte. Las calles mentían constantemente y aún tomando direcciones distintas todas iban a parar al mismo sitio.

Finalmente optó por el callejón estrecho que había estado evitando todo el rato. Los edificios de uno y otro lado se acercaban tanto que podía tocar ambas paredes estirando los brazos. Quizá la luz del día con algún rayo de sol entrando perpendicularmente y la ropa tendida de balcón a balcón justificaban una mención en alguna guía de viajes, quizá hasta una foto. Pero a esa hora, esa noche, solo producía una inquietud cercana al miedo.

Trató de visualizar el mapa de la ciudad, si estaba en la zona en la que creía estar, ninguna calle podía ser tan larga. Llevaría unos 10 minutos andando por ese callejón con alma de túnel del tiempo, cuando a su derecha vió que salía un pasaje más estrecho y oscuro aún. Lo cogió. Este era corto. Apenas un minuto y giraba a la derecha para desembocar en una plaza. Pequeña y desierta como todo a su alrededor, pero allí, de lado a lado de la plaza habían tendido una red de luces azules. Alguien había decidido llevar un poco de Navidad a aquél lugar extraño. En el centro habían dos bancos. Se sentó. Llevaba varias horas andando a buen ritmo y estaba cansado.

Se sintió ridículo por sentir miedo a su edad, miserable por tratar de huir de la Navidad y mezquino por sus ganas de sabotearla. Apoyó sus codos en las rodillas y dejo caer su cabeza entre sus manos. Pasó así unos minutos, frotándose la cara con gesto de desesperación. Entonces oyó un ruido, una pequeña explosión y algo ligero y caliente cayó sobre él. Lo que fuera no le hizo daño, ni siquiera lo asustó. Apartó las manos de la cara y sin levantar la cabeza trató de entender. La red. Las lucecitas azules habían caído sobre él sin apagarse. Le dio miedo moverse, y también llorar, ignoraba si podía electrocutarse con ellas.

Así que allí se quedó, encorvado, cubierto de lucecitas de Navidad, escondiendo la cabeza entre los brazos. Lo había atrapado.

26 November, 2007

OTRA CONSPIRACION

“Anonymous dijo...

hablando de esa revista fastidiosa, alguien sabe los titulos de cada una de las revistas del atalaya, eque creeo que estan conspirando y la unica forma de comprobarlo es que me digan cada titulo para ver si las puede conseguir, enserio necesito esos titlos, alguien digame...”

Hace meses unos días alguien dejo este comentario en uno de mis posts, tontorrones y llenos de faltas, en el que me quejaba de las batidas que realizan los testigos de Jehová los domingos por la mañana. Parece que salió apresurado, no esperó respuesta ni dejó instrucciones para contactar con él.

Yo esperé al siguiente domingo. La señoras de los mocasines volvieron. Las hice pasar y les preparé café. Permití que me enseñaran todas las revistas y anoté los títulos. Me quedé con un par de ejemplares para leerlos en detalle, en búsqueda de pistas de la posible conspiración. En un alarde de osadía, o de imprudencia , me atreví a comentarle a las señoras lo que se rumoreaba acerca de ellos. Se irguieron, intercambiaron una mirada. Recogieron todas las revistas de la mesa con una sonrisa fingida en la cara. Tuve que adelantarme para que no cogieran el papelito en que yo había apuntado los títulos para Anonymous. Una de las dos me miró con odio cuando me lo guardé en el bolsillo. Se despidieron apresuradamente agradeciendo mi hospitalidad y se fueron.

No he vuelto a saber nada de este Anonymous y las TTJJ no han vuelto a dirigirse a mi, al menos a cara descubierta, aunque a veces me parece que me sigue un coche de cristales oscuros. Anonymous tenía su propia “Teoría de la Conspiración” y la estaba investigando, quizá su teoría fuera cierta. ¿por que no volvió Anonymous? ¿Que ha sido de él? ¿lo han convertido/salvado? ¿lo han hecho desaparecer? ¿se ha refugiado en un centro budista?

25 November, 2007

MELANCOLIA (3)

Siempre quise ir a L.A. 
dejar un día esta ciudad. 
Cruzar el mar en tu compañía.
 Íbamos a ir a Los Ángeles sin más equipaje que el de mano. Yo agarrando la tuya y tu la mía. 
Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
 No sé que aventuras correré sin ti. 
Ha pasado mucho tiempo, pero aún no te he olvidado.
Mi vida se aburre sin ti, seguro que tu sigues corriendo   aquellas aventuras por las que te llegué a odiar.
Y ahora estoy aquí sentado
 en un viejo Cadillac  segunda mano
 junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad
 y hace un momento que me ha dejado, aquí en la ladera del Tibidabo,
 la última rubia que vino a probar  el asiento de atrás. 
Recuerdo aquellos ratos en tu viejo coche. ¿sabes que esos cromados son lo que me hizo fijarme en ti?
Lástima que también lo hicieran todas las otras.
 Quizás el "martini" me ha hecho recordar
 nena, ¨¿por qué no volviste a llamar?
 Creí que podría olvidarte sin más 
y aún a ratos, ya ves. 
Hoy he estado a punto de llamarte. Pero supongo que me habrás olvidado. Yo no. Ya ves
 Y al irse la rubia me he sentido extraño,
 me he quedado solo,
fumando un cigarro,
quizás, he pensado, nostalgia de ti.
 y desde esta curva donde estoy parado
 me he sorprendido mirando a tu barrio,
 y me han atrapado luces de ciudad. 
Sigo viviendo en mi barrio de entonces.
A veces cuando vuelvo a casa de noche no puedo evitar buscar los faros de un coche solitario bajo las palmeras.
Por si eres tú. Buscándome entre las luces de la ciudad.
El amanecer me sorprenderá 
dormido, borracho en el Cadillac,
 bajo a las palmeras luce solitario 
y dice la gente que ahora eres formal 
y yo aquí borracho en el Cadillac 
bajo las palmeras luce solitario.  
Y no estás tú, nena.
 
Esas noches me despierto al amanecer y te imagino dormido, con alguien, que no soy yo, acurrucada a tu lado.
Y te imagino despertándote y buscándome a tu lado. Y es tan real  que hasta oigo que me llamas. nena”.
 

19 November, 2007

SUPERSOFÁ

El viernes, pese a que solo trabajaba mediodía, llegué a casa cansada y cabreada. No es necesario entrar en detalles. Pero como estaba algo enrabiada y maquinando perversas venganzas contra el Jefe, (que ya es inmune al laxante) me preparé una tilita. Tarde en decidirme, por que irme por ahí de güisquis también estaba bien, pero como hacía frío y el güisqui solo me gusta con hielo preferí quedarme en casita, bueno en el sofá y tomarme algo calentito viendo una peli de amor.

El sofá era un sofá muy incómodo y muy viejo de un azul tan eléctrico que echa chispas. Era imposible tumbarte más de 2 minutos por que ya te duele todo. Y en verano es peor por que como es de eskai pues te pegas. Así que antes de encontrar una posición medio buena había que dar quinientas vueltas y como tenía prisa para que no se me enfriara la tilita pues no fui con cuidado y la tiré toda encima del sofá.

Me cabreé más todavía y como el eskai es impermeable pensé en que ya lo limpiaría al día siguiente que tocaba fer dissabte, que es como llamamos por aquí a pasarte el puto sábado limpiando. Apagué la tele, me puse mi camisón de invierno y me fui a dormir.. Soñé toda la noche pero cuando me desperté solo recordaba un dinosaurio pero que no asustaba aunque si daba un poco de miedo. Me da un poco de rabia no acordarme de los sueños y he pedido a unas expertas a ver si me pueden reconstruir el sueño.

Pués cuando ya me desperté del todo y me aseguré de que a mi lado no había ningún dinosaurio, me levanté, me duche, y salí a hacerme el desayuno. ¡Oh, que sorpresa! Resulta que la tila se había comido todo el color del sofá y además había desgastado los bordes y había abullonado los cojines. Y es que resulta que el sofá, como si fuera un superhéroe superviviente de una descarga radioactiva, había adquirido todas las propiedades de la tila.

Y ahora tengo un supersofá. Todavía no lo he probado del todo pero he descubierto que tiene los siguientes superpoderes:

-capacidad sedante, muy útil en estados de excitación nerviosa e inquietud -no tiene efectos secundarios en niños nerviosos o que no duermen bien -calma la tos y ayuda a bajar la fiebre por que tiene un efecto antiespasmódico y calentito -cuida la piel

A la porra IKEA.

06 November, 2007

MARIA DE LA O

El otro día volvía a casa en tren (no es relevante el retraso, en el improbable caso de que lo hubiera). Había plegado a mediodía, así que no iba abarrotado como suele ir por las tardes. Era el tren ideal para los músicos itinerantes.

Delante mio se sentó un señor con traje oscuro y corbata más oscura aún, mirada opaca y ese aire de persona importante que tienen los políticos y altos ejecutivos que utilizan el transporte público una vez cada 10 años y les molesta la gente que los utiliza a diario, por que son los que expanden la gripe y llevan ropa barata.

Sacó una PDA (ya solo los cutres viajan con el portátil) y se puso a hacer algo. Dudo mucho que estuviera escribiendo en su blog. Dudo mucho de que tuviera un blog. Me cayó mal y no pude evitar rozar su pantalón con la suela de mi zapato para mancharselo un poco. Lástima que ya casi no se pisan cacas por la calle.

En el siguiente vagón subieron dos indios de las montañas del Perú, con trenzas y ponchos de colores. Se pusieron a tocar. La verdad es que no tocaban demasíado bien, pero no molestaban, al menos no como esos rumanos que van por ahí con el acordeón tocando una versión desafinada de Love Story.

Para mi sorpresa, el señor se metió la PDA en el bolsillo de la americana, sacó un abultado fajo de billetes, se levantó y se acercó a los músicos.

Me giré, me podía imaginar a aquel señor en el vestíbulo de l’Auditori alternando con Señores como él y con esposas fifís; pero no me daba el perfil de señor amante de la música y solidario que da unas monedas a un músico callejero.

Pero si, en efecto, se dirigía a los músicos, que estaban a mi espalda , con un billete de 20€ en la mano.

-Tomad 20 euros y dejaís de tocar.

Ya quisiera el señor Sobera levantar las cejas tanto como se levantaron las mías.

Si los músicos hubieran despreciado el billete y hubieran seguido tocando el post acabaria aquí con un Show Must Go On.

Sin embargo, cogieron el dinero y cambiaron el vagón. Hay que trabajar mucho para sobrevivir y enviar algo de ayuda a ese Peru devastado por el terremoto.

El Señor volvió a sentarse frente a mi. Cruce y descruce las piernas varias veces y procuré darle un par de pataditas. Me miró con muy mala cara. No le dije “perdón”, que es lo que se suele decir en esos momentos. Sacó la PDA y siguió con sus cositas. Bueno cositas no, cositas son lo nuestro, lo suyo debían ser asuntos importantes.

Y yo que no había cobrado la nómina y no tenía un duro y tenía ganas de tocarle las pelotas (figurativamente hablando) a aquel tipo. Y yo que canto muy mal y tengo muy poca vergüenza me puse a cantar a grito pelado.

María de la O, que desgrasia ii ta gitana tu ereh teniénnn-do-lo tó. Te quieres reír y hasta loh ojitoh loss tieness moradoh de tanto su - frir. Maldito parné que por su culpita deje yo al gitano que fue mi querer. Cahtigo de Dioh, cahtigo de Dioh. Es la crucesita que llevas a cuestas María de la O. María de la O

Pero a mi no me dió 20 euros. Se levanto, me pisó, y se fue al vagón donde estaban tocando los peruanos. Eso si, en mi vagón se lió una buena juerga.

SiteMeter