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03 December, 2007

25 July, 2007

A mí del desierto me atraía el silencio.
Y me costaba creer que esa voz chillona que desde tras una duna cercana decía "mamá, que te llamo desde el desierto, que si, que hay cobertura de Movistar" fuera real.

24 July, 2007

“Se que nuestras vidas están hechas de pequeñas indiferencias. De retazos de pequeñeces con las cuales nos contamos un cuento.

Que lo años corren sin sentido desbocados en la penumbra de los tiempos y a eso lo llamamos nuestra vida.

Hasta que se cuela una rendija de luz y, no sabes como, el Sol está dentro de tu casa”

Antonio Skármeta. La chica del Trombón

22 March, 2007

MONO

De coger el Ferry a la isla Mágica
De pasear por Mitjorn y dejarme caer en cualquier sitio a ver la puesta de sol. De perseguir a los peces sombra en Cala Saona. De reírme de los italianos pijos de Es Pujols. De que por la noche no haya farolas oscureciendo las estrellas. De que una lagartija verde enorme tome el sol a mi lado. De no ponerme espuma en el pelo. De sentarme a los pies de Es Far y comprobar que la tierra es redonda. De escuchar el silencio. De tomar el sol en pelotas. De fumar y reirme en el Blue Bar. De encajarme en las rocas de Escaló y que el tiempo no me erosione. De la arena de Ses Illetes. De coger estrellas fugaces con las manos. De no llevar tacones. De tomarme un café en La Mola y mil chupitos en la Fonda Pepe. De que todo sea azul. De no saber que hora es. De que me importe todo un pimiento.

14 January, 2007

OTRO PASEO

He vuelto al cajero y sigo sin fondos, así que he vuelto a esta montañita urbana tan ajena como yo a la estación de las rebajas. Hoy era un día de silencio pesado. Nunca es un silencio absoluto. Y no es por los pájaros. Del “area metropolitana” sube un murmullo de autopista que la distancia y el viento, y un poco de imaginación, a veces camuflan de olas de mar. De lo que debe ser el oeste, el ruído de la fábrica secreta. A veces un disparo lejano. Un ladrido de perro tristre. Un relinchar de caballo dominguero. Y siempre, cuando menos te lo esperas, el camino hace una pequeña curva y empieza el “crepitar” de otro poste eléctrico. Sin embargo algunos momentos el acecho del silencio que espera ser roto asustaba.

He subido más alto que otras veces y por la otra cara de la montaña, así que la vegetación era algo distinta. Y había más postes eléctricos cruzando el silencio y más cables rompiendo el cielo. Pero tambien he visto que los almendros empiezan a florecer. Y he visto que en ese lado los deseos parecen más sólidos. Menos etéreos. Y he decidido bajar rápido, no fuera que me diera algún deseo nuevo y me desconcentrara.

He bajado por otro camino. Apenas un sendero entre matorrales que debe ser muy poco transitado por que no he encontrado muchas latas, ni kleenex, ni botellas de plástico. A los 20 minutos de bajar, la Kenia, que como siempre iba delante, se ha parado. Muy quieta. Erizada. Con la cola tiesa y las orejas en guardia. No me he asustado pero se me ha acelerado el corazón, que de bajada ya iba a un ritmo normal. Podía ser un jabalí herido. Si hubiera sido un gato, o un pajaro o un conejo, la Kenia se hubiera echado a correr tras él, pero esa tensión era nueva. La he llamado. Ha venido junto a mi y avanzado a mi lado sin apartar la mirada de lo que yo aún no veía. He comprobado que llevaba el móvil y he seguido avanzando. El sendero no se ensanchaba, acababa en una pequeña explanada. No he visto nada extraño. Y he seguido andando. Pero sentía una mirada clavada en mi espalda. De hecho me ha parecido que alguien me chistaba en silencio. Me he girado. Nadie. He seguido unos pasos. Seguía teniendo esa sensación y la Kenia no se separaba de mi lado. Mirándome, como si estuviera esperando una señal mía. Me he vuelto a girar. Entonces he visto un árbol en el que no me había fijado. Un árbol de tronco retorcido. Con las ramas extendidas en arabescos y un gran ojo. Alrededor suyo, otros árboles de tronco más delgado formaban una jaula.

Me he acercado. He pasado entre los árboles barrote. Me he acercado al árbol prisionero. Lo he rodeado. Parecía sufrir en su encierro. He mirado dentro del ojo. No se que esperaba encontrar, pero lo que he visto es lo último que me podía imaginar. Sobre el tronco alguien había grabado algo. Un corazón. Con una única incial. La mía. Sin pensarlo he sacado las llaves del bolsillo. He suspirado. He dibujado otra inicial. La suya.

La Kenía ha hecho pipi cerca y hemos segudo bajando.

13 January, 2007

13 GRUAS BAJO O EL SOL O LA CUESTA DE ENERO

Sábado por la mañana. La cuesta de Enero se me está haciendo muy difícil de subir pero hace sol. Estoy muy baja de fondo, así que decido subir una cuesta asumible. Con tramos empinados, pero amable en su mayor parte. Al menos, más amable que cualquier cajero.

Hacía allá voy. Con mi equipo de supervivencia de sábado por la mañana. Un libro, un paquete de tabaco, una coca-cola y mi cámara de fotos movidas y borrosas. Y la Kenia se viene conmigo. Voy a subir a la Penya del Moro. En la cima hay las ruinas de un poblado ibérico, en el centro los restos de una torre de la que solo queda el hueco central y alrededor una especie de gradas que ofrecen una magnífica vista y…un cómodo solarium.

Suelo llegar, siempre sin fondoni fondos, temprano los sábados por la mañana, hacia las 10. No son más de 30 minutos a un ritmo muuuuy tranquilo y entreteniendome con todo lo que veo yo o lo que ve la Kenia. Los sábados no hay nadie, solo sube de vez en cuando algún biciclitero o alguien con perros. Hola y adios, no más. La mayoría de las veces me apalanco yo sola, con mi libro y mi coca-cola, mientras la Kenia explora toda la zona hasta que se echa en el centro de la torre, que es un “ruedo” de arena que queda a la sombra.

Hoy he subido bastante rápido. Por el camino, he vuelto a fijarme en que la procesionaria ya tiene sus nidos listos. Que la Ginesta tiene aún más flores que hace un par de semanas aunque no estamos en abril. Que hay pinos resecos o de hoja caduca o caducada. Que ese chisporroteo de los postes eléctricos que atraviesan toda la Serralada no puede ser bueno. Que en esa fábrica que hay en medio de la montaña se deben llevar acabo experimentos secretos del gobierno. Que alguien ha soltado sus palomas mensajeras pintadas de colores pero sigo sin cobertura. Que en una simple foto me han salido trece gruas sin fijarme demasiado.

He seguido subiendo. Solo hay tres puntos en los que me tengo que parar y hacer una respiración profunda para recuperar un ritmo de respiración tranquilo. Subo a cómodos plazos.

Y cuando he llegado arriba dispuesta a disfrutar del silencio, he tenido que volver a bajar.

Tal cual si hubiera ido al cajero hoy que no tengo fondos.

30 December, 2006

28 December, 2006

RECOGIENDO EL 2006

El 2006 no ha sido un año bueno. Me costará encontrar algún recuerdo en él, y desde luego pocos bonitos. Afortunadamente tampoco ha habido momentos muy muy malos. Pero ha sido un año gris con momentos difíciles, aunque tampoco parecía haber una dificultad aparente.
Un año un poco anémico.
Este año me ha costado escribir algo que no tuviera un tono quejoso, cansino y a veces, malhumorado. Y este año me ha costado leer. He leído claro. Pero menos que habitualmente y de otra manera. Igual tiene algo que ver la cantidad de telebasura que me he tragado.
Aún así he mirado los últimos libros que he leído y que todavía no tienen sitio en la estantería. Los que disfrutamos leyendo tenemos mucha suerte. Cuando oigo a una de esas personas que no recuerdan cuanto hace que se leyeron un libro, me dan un poco de pena. No saben lo que se pierden. Sin duda los tres mejores del año: Tokio Blues. Haruki Murakani Cometas en el Cielo. Khaled Hosseini El Hijo del Acordeonista. Bernardo Atxaga A continuación y perfectamente recomendables: Memoria de mis putas tristes. Garcia Márquez Las Travesuras de La Niña Mala. Mario Vargas Llosa. 84, Charing Cross Road. Helene Hanff Paradoja del Interventor. Gonzalo Hidalgo Bayal Interesantes: El Túnel. Ernesto Sábato Diario. Una novela. Chuck Palahniuk. El complejo de Di. Dai Sijie El port de les Aromes. John Lanchester
Y me han quedado a medias, por que me estan costando un poco: Las intermitencias de la muerte. Jose Saramago Yo he de amar una piedra. Lobo Antunes Y abierta a sugerencias para leer a lo largo del 2007.

27 December, 2006

17 November, 2006

13 November, 2006

12 November, 2006

25 September, 2006

29 April, 2006

A falta de rosas, hoy he encontrado un campo de amapolas. Una sorpresa por que está en medio de un polígono industrial. He vuelto a hacer unas fotos y no estaba sola.
Creo que nunca había visto tantas juntas. Me gustan, son flores salvajes y rebeldes capaces de crecer en cualquier arcen.
Eso si, de vuelta he parado el coche junto a un muro grafiteao y m'he robao unas rosas que se escapaban de un jardín, y es que todavía tenía un poco de mono de rosas.
Penica verdad?
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