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16 March, 2008

Dominguerada

Esta mañana me he ido con el País, la perra y una coca-cola a ese rincón semi-rural que sin demasiado esfuerzo me aleja de coches y vecinos. Mientras yo leí al solete acerca de la "rarotecnología", ciencia, método o técnica que por ejemplo, permite averiguar el nivel de stress de la plantilla de una empresa mediante la observación del desgaste de los botones del ascensor (no tengo más información, ni siquiera el Google encuentra nada), la perra se dedicaba a sus asuntos con plena libertad.

Sigue rastros, busca palos, come hierbas, corre o salta sin necesidad, esas cosas  que hacen los perros. Yo la dejo a su rollo, no se escapa y periódicamente viene a comprobar que sigo allí, y es que parece que los genes caninos han incorporado a su instinto el conocimiento innato de que en cualquier momento pueden ser abandonados por su mejor amigo.

Pues hoy ha desaparecido más de lo habitual y me he preocupado. He descartado el motivo más habitual de fuga, una aventura amorosa, puesto que no está en celo, tampoco cabía la posibilidad de que hubiera encontrado algo comestible ya que estos días anda un poco desganada y la única forma de que se coma unas bolitas de pienso es que yo se las tire para ella las coja al vuelo (eso debe ser el equivalente a los avioncitos de los niños, o ese "una cucharadita por papá, una por mamá..."). Así que me he preocupado un poco más y tras llamarla y silbarla durante un cuarto de hora he ido a buscarla.

Un ladrido me ha indicado que me acercaba, pero la muy tonta, al ver que estaba cerca no ha seguido ladrando, así que cada vez que me alejaba ladraba y cuando me acercaba se callaba, eso, en una zona de eco no me facilitaba mucho encontrarla. He creído que me tomaba el pelo y me he alejado más, entonces se ha puesto a ladrar como dios manda.

Pobre animal, como hacía calor ha decidido darse un chapuzón en una balsa, era más profunda de lo que creía, no hacía DSC00839pie y no podía salir. El borde estaba inclinado y mohoso así que la situación no era fácil. Igual llevaba allí media hora y daba penica verla tan asustada. Con razón no ladraba, estaba agotada. No se como, pero con mis 54 Kg he conseguido tirar del collar y de una pata hasta sacar del agua sus cerca de 40 kg. Tiene mérito ya que hay que tener en cuenta que una  parte importante de mi peso es totalmente inútil y no aporta ninguna fuerza sino celulitis, que creo que ya tengo hasta en el cerebro. Lo más fácil es que yo también me hubiera caído a la acequia, cosa que daba cierto repelús, la verdad, y además que si la perra no hace pie, yo tampoco, que si se pone a dos patas medimos más o menos lo mismo (ella por enorme y yo por pequeña, que aún no he dado el estirón definitivo). Así que tambien me las hubiera visto para salir de allí.

Tal como ha tenido las cuatro patas en el suelo se le ha pasado el susto y se ha puesto a correr, supongo que se trataba de tomar contacto con la tierra firme alegremente, pero la balsa está rodeada de pequeños huertos recién sembrados. Faltaba el payés con el trabuco.

Por aquí hace días que no llueve, así que el agua de la balsa llevaría unos cuantos días estancada y el color verde y la espumilla de la superficie me ha dado cosa, así que al llegar a casa, aunque no me gusta meterla en la bañera, no he tenido más remedio que entablar una nueva lucha cuerpo a cuerpo y darle un baño en contra de su voluntad. Después ha tocado  limpiar la bañera a conciencia y recoger del suelo unos cuantos litros de agua. Una tranquila mañana de domingo.

La perra dueme profundamente y yo tengo una tortículis de espanto que me va desde la nuca hasta los tobillos.

28 January, 2008

Paseo

       Se pierde la mirada.

Huye. Más allá de cualquier objeto.

Una playa prácticamente desierta en un día de verano camuflado de un mes de enero. Un chico leyendo. Un par de amigas, tomando el sol, fumándose un canuto. El plasta del tanga. Una colgada despeinada con un perro. Un matrimonio paseando. ¿juntos?

Paseo libre. Sin la dictadura de una acera o un paso de peatones.

Huellas efímeras que no son rastro.

Llegan con pocos bártulos. En temporada baja no hace falta tumbona ni nevera ni parasol. Tampoco hace falta quitarse mucha ropa. Empieza a andar él. A la izquierda. Ella hace unos estiramientos que aprendió en el programa de Eva Nasarre. Echa a andar hacia la derecha.

Un ruido atronador que no se oye.

Un susurro que retumba.

Es una playa pequeña. O una cala grande. Apenas 5  minutos de punta a punta. El marido ya ha llegado al extremo izquierdo. Se detiene un momento a observar las olas rompiendo en las rocas. Da la vuelta. Por un momento coinciden caminando en la misma dirección, pero en seguida la mujer, que va unos 200 m por delante, alcanza el extremo derecho y da la vuelta. Se acercan el uno al otro de frente, como en un duelo. Se miran de lejos. Tratan de reconocer a ese extraño conyugal. Un par de minutos después se cruzan. ¿Se saludan? Intercambian unas palabras. De lejos parecen un par de vecinos de la misma calle que se cruzan cuando uno va a por el periódico y la otra viene con la barra de pan bajo el brazo.

Continúan el paseo, cada uno en su dirección. Ella recorre la playa un par de veces más. Cada vez intercambian unas palabras sordas.  Ella se sienta en una toalla a leer una revista. En la portada sale un príncipe. El sigue dando paseos de punta a punta de la playa. De vez en cuando se para y contempla algo sin mirar.

En un momento indeterminado, sin acercarse, sin cruzar una mirada o pronunciar una palabra, el regresa a la toalla justo en el momento en que ella cierra la revista y se levanta. Recogen las cosas y se van.

El, acalorado por los paseos, baja las ventanas del coche. Ella las sube.  No pronuncian una palabra en todo el viaje.

Llevan 30 años casados.

Los últimos 29 en silencio, no se sabe si no tienen nada que decirse o es que no hace falta que se lo digan en voz alta.

 

El extremo izquierdo del paseo

Foto: El extremo izquierdo del paseo

01 November, 2007

CABRONES

Una montaña urbana atravesada por el incansable ruído de una fábrica rural. Un camino avanza entre dos hileras de colinas pespunteadas por postes eléctricos. Un pastor discute al móvil. ¿Como que no me podeís traer una pizza?

Un vagabundo de andar tarado baja de una colina arrastrando un carrito de la compra con una mano. En la otra lleva una bolsa IKEA. Se para en medio del camino. Rebusca entre sus cosas. Saca un joyero de alpaca ennegrecida. Ceremonioso le da cuerda. Cierra los ojos y abre el joyero. Suena la música. Se levanta la bailarina de plástico rosa. Le falta un trozo de tutut. La bailarina gira. Le faltan los brazos. El hombre la mira sonriendo. Grita. Me quiera. Me quiere. La cuerda tambien gira, cada vez más despacio. Poco a poco se aleja la música y la fábrica vuelve a subir el volumen. El hombre grita. No pares de bailar. No pares. Pero es inútil. Ella se para y le da la espalda. El hombre llora. Cierra el joyero, lo envuelve en un trapo sucio cualquiera y guarda el joyero en el carro.

Rebusca. Saca un tetrabrik que no es de leche. Da un trago largo. Levanta los brazos y empieza a girar de puntillas tarareando la canción del joyero.

El pastor sigue discutiendo. ¿Como no vas a poder traer una pizza si vienes cada noche a la urbanización de ahí abajo? Joder si solo hay unos metros más. Coño si desde la última casa se deben oir las ovejas. Si es que sois unos cabrones. Cuelga.

El vagabundo deja de girar cuando una mountain bike le pasa demasiado cerca demasiado rápido. Cabron.Grita. Las montañas giran a su alrededor y no puede ver a quien insulta. Tampoco le importa. Da otro trago, las colinas se paran, echa andar hacia la que le ha quedado más cerca. A sus pies una piedra. Te lo avisé cabrón. Escupe y sigue su camino.

15 October, 2007

POST DE RELLENO

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Que estress, todo el día entrevistando Hadas Madrinas. Creo que voy a desistir y voy a probar a contratar un angel de la guarda, creo que no conceden deseos pero son menos caprichosos y menos variables. La última que he entrevistado o tenía un mal día o era una bruja vestida de blanco y no me ha convencido; por más referencias de una tal Condolezza R que trajera. Y además he leído en algún sitio que hoy había que ser ecológista, pués ahí van unas fotos de una montaña, que por un lado la muerden y por el otro la rellenan con basura, y cositas que tratan de resistir por allí hasta que lleguen las palas.
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02 September, 2007

PALAU NOVELLA

Un rostro demacrado por el dolor flota en el agua inmovil. Quizá es más antiguo el dolor, y es el dolor la causa de ese deterioro. Una lágrima cae y desfigura el reflejo de un rostro que un dia fue el ejemplo de la belleza. No es fácil para Teresa olvidar.

Él, aparentemente enamorado de ella de forma que mujer alguna nunca pudo imaginar ni en sueños adolescentes. Derrochó en ella y para ella una inmensa fortuna. Se rodeó de ella en todo momento, quería su hermosura siempre alrededor suyo. Hizo reproducir aquellas hermosas facciones por toda la casa. Ordenó a un famoso escultor un molde con la cara que iluminaba su vida para poder colocarla, esculpida en bronce, en todas las cornisas de roble que embellecían el techo de los salones de la casa. Tambien hizo esculpir unas hermosas cariátides en sensual postura que soportaban un techo decorado con querubines y nubecitas de algodón. Bajo él celebraron innumerables fiestas y recepciones. Una vez incluso hicieron venir expresamente a la Filármonica de Viena para amenizar una velada que se mantuvo en boca de todos los asistentes hasta muchos años después. Otra vez llenó el lujoso y monumental lavadero de cava. Teresa era tambien la modelo del gran fresco que a modo rubentino represantaba el baño primaveral de una ninfa rosada. El perfil de los enamorados aparecia también en los medallones de las puertas, aquí a modo de faraones egipcios, aquí con tocados victorianos, aquí con aire helenista. ..

La perfección de ese rostro, familiar y desconocido se le clavaba ahora como un puñal cada vez que su mirada se posaba en uno de ellos. La mujer retrada es la que él amó, y de ella no quedaba nada mas que aquellas copias crueles que evidenciaban el ocaso. El lago inmóvil de nuevo reflejaba un rostro agrietado, unas enormes bolsas bajo los ojos, una nariz enrojecida y en la que, como para ridiculizar todavía mas su decrepitud, habia aparecido ahora una berruga de la que brotaban un par de pelos negros a modeo de caricatura. Había perdido incluso el brillo de su mirada, Se lo llevó su hijo el dia de su encierro en el sanatorio. Su espalda se había encorvado protegiendo un voluminoso vientre y un pecho flácido. Su andar orgulloso no era ya más que un pesado arrastrar de pies.

Cansada y siempre al borde del silencioso llanto solitario, se incorporó con dificultad y rodeo el lago para dirigirse a la casa por ultima vez. El lago fue un regalo más de Ramón. Era un lago artificial en medio de un pequeño bosque. Un sendero lo bordeaba entre rosales, el sendero ahora casi habia desaparecido entre matorrales y zarzas que le arañaron las piernas. Se sentó en un banco de priedra alargando el momento, habian habido patos y cisnes deslizándose por aquella superficie verdosa. ¿Qué habria sido de ellos? Recordaba como se acercaban a ella en busca de pipas de calabaza. Al lado, una cueva artificial, abovedada y abierta al lago a modo de balcón de piedra. Seguia estando alli aquel “T’estimo. 3-IV-1889” que encontró pintado un día, poco después de que le dijera que por fin iban a tener un hijo. Le dieron ganas de reir. Mentiroso. Años mas tarde la cueva había sido complice de los numerosos romances furtivos del matrimonio. Besos robados y caricias apresuradas mientras la música y las risas de la fiesta se desparramaban por los silenciosos valles oscuros. En alguna de esas fiestas veraniegas habían estado alguna vez a punto de coincidir en la cueva, él con alguna chiquilla impresionada pos su poder y ella con alguno de sus pretendientes eternos. Ella se sabía aún bella, y él extremadamente poderoso, así ambos consintieron el adulterio del otro, no se sentian engañados, eran invulnerables y podian permitirselo todo.

Él la escogió a ella cuando volvio de Cuba convertido en un excéntrico dispuesto a ser la envidia de todos. Ella lo acepto a el despues de declinar numerosas ofertas de matrimonio. Él era rico y se lo ofrecía todo a ella envuelto de versos y canciones. Ella, joven e inocente, creyó en aquel amor que no era más que otro capricho del poderoso Sr. Ramon y sin saberlo, renuncia a toda felicidad. Ilusionado y satisfecho por haber conseguido la esposa más deseada de toda la comarca, compra medio Garraf, todavía inhabitado y cubierto de viñedos. En el centro de su propiedad, en la cima del Monc Fosc mando construir un Palacio. Fueron necesarios 5 años de duro trabajo para satisfacer al Señor Ramon. Una casa con rasgos clásicos, barrocos, árabes y coloniales, por que todo lo quería tener.

Teresa se lleva una mano al bolsillo y saca un puñado de migas. Lo arroja sobre ese rostro que flota. No espera que acudan peces ni tortugas, tan solo quiere borrar ese rostro que flota en el agua. Echa a andar de vuelta a la casa. Vuelve a llevarse la mano al bolsillo rebuscando algo entre las migas que han quedado.

10 March, 2007

FLORETES I PAPALLONES

Los cactus han salido después de hacer la foto. Cactofonía.
Madame Butterfly posaba así este mediodía para nosostros. Ésta orgullosa, ha cerrado las alas y se ha movido.
Ésta era un ejemplar precioso, pero se me ha escapado. Y a ésta afortunadamente no me la he encontado en persona, solo existe en Googgleland y creo que produce una alergia de espanto. Al de los bíceps no lo he visto. Quería dibujarle una mariposa en la espalda con un pintalabios rojo.

03 February, 2007

PASEOS RAROS. EL DADO. EL SEIS

Hoy, como todos los sábados ha empezado con cafe y croissant en la granja de abajo. Como muchos sábados era la única cliente a esa hora y el dueño me ha obsequiado con una disertación racista y de derechas. Tan racista y tan de derechas que daban ganas de mandarlo a paseo. En fin. Esos que se quejan tanto suelen decir "que se guervan asu pais" y cosas "asín", así que no les hago mucho caso ni discuto con demasiada energía. Después he ido a dar ese paseo saturnino que, además de un buen rato al aire libre, siempre tiene algún aliciente adicional. La cámara siempre a punto.

Nada más bajar del coche, han aparecido dos perros, lógico, la Kenia está en el momento crítico, o pasional, según se mire, del celo, y tan atractiva les ha parecido que, como he podido la he metido en el coche , y es que ella tambien tenía ganas de juerga con el mastín. Los dos perros, el enorme mastín y un cazador de enormes orejas que le iba al rebufo, han seguido por allí, perdidos o desorientados por las hormonas. Me he acercado al mastín, llevaba una placa, se llamaba Rei, y había un par de teléfonos. He llamado. Mientras la Kenía miraba meláncolica por la ventana cual princesa en su torre esperando al príncipe que la rescate. El Sr.X me ha dicho que estaba a unos 10 km. pero que solo tenía que decir "Rei a casa" con voz autoritaria y el perro volvería tranquilamente, a paso de mastín gigante viejo y, hoy, además, decepcionado. El Sr.X por lo visto es cocinero en un restaurante de Collserola y no podía salir hasta que acabara el segundo turno de calçotadas. Es curioso por que justo ayer quedé con unos ex-compañeros de trabajo para ir a ese mismo restaurante dentro de unas semanas. Y es que estamos en temporada de calçots y nadie se libra de dos o tres calçotadas. Terrible la moda de las cebolletas.

"Rei a casa" y Rei se ha ido. Si a casa o en busca de otra perrrita encendida no lo se. He sacado a la Kenia del coche y hemos dado un pequeño paseo. He tratado de no perderla de vista, no fuera que ella y Rei hubieran quedado en verse más tarde y a solas en una clave que yo, sobretodo por humana, desconozco. La Kenia pesa 40 kg, y Rei supongo que más de 50 así que una camadita de los dos sería un gran problema. Pero Rei ya se había ido a casa resignado y la Kenia ya lo había olvidado. Amores pasajeros. Aún así, se ha esfumado unos minutos.

Y ha vuelto contenta, como siempre que encuentra un tesoro: un palo interesante, una piña enorme, una lata de cerveza, una garrafa de agua, algo que se coma, algo que huela mal... ¡Solo que hoy, de su incursión por la montaña me ha traído un dado! Un dado curioso, de madera, enorme para ser un dado, desde luego no apto para un parchís convencional.

En un primer momento he pensado que esta perra lee el blog y me quiere tomar el pelo, pero eso no justifica que haya encontrado el dado en medio de la montaña, y no lo llevaba cuando hemos salido de casa, es más, puedo asegurar que ese dado nunca ha estado en esta casa. En fin, lo ha dejado delante mio. Y ha salido un seis. Esta perrita es un cielo y somos un buen equipo. Nada, que uno de estos sábados llamo a los del buscador. En Collserola se cuece algo. Pero de momento salió el 6.

14 January, 2007

OTRO PASEO

He vuelto al cajero y sigo sin fondos, así que he vuelto a esta montañita urbana tan ajena como yo a la estación de las rebajas. Hoy era un día de silencio pesado. Nunca es un silencio absoluto. Y no es por los pájaros. Del “area metropolitana” sube un murmullo de autopista que la distancia y el viento, y un poco de imaginación, a veces camuflan de olas de mar. De lo que debe ser el oeste, el ruído de la fábrica secreta. A veces un disparo lejano. Un ladrido de perro tristre. Un relinchar de caballo dominguero. Y siempre, cuando menos te lo esperas, el camino hace una pequeña curva y empieza el “crepitar” de otro poste eléctrico. Sin embargo algunos momentos el acecho del silencio que espera ser roto asustaba.

He subido más alto que otras veces y por la otra cara de la montaña, así que la vegetación era algo distinta. Y había más postes eléctricos cruzando el silencio y más cables rompiendo el cielo. Pero tambien he visto que los almendros empiezan a florecer. Y he visto que en ese lado los deseos parecen más sólidos. Menos etéreos. Y he decidido bajar rápido, no fuera que me diera algún deseo nuevo y me desconcentrara.

He bajado por otro camino. Apenas un sendero entre matorrales que debe ser muy poco transitado por que no he encontrado muchas latas, ni kleenex, ni botellas de plástico. A los 20 minutos de bajar, la Kenia, que como siempre iba delante, se ha parado. Muy quieta. Erizada. Con la cola tiesa y las orejas en guardia. No me he asustado pero se me ha acelerado el corazón, que de bajada ya iba a un ritmo normal. Podía ser un jabalí herido. Si hubiera sido un gato, o un pajaro o un conejo, la Kenia se hubiera echado a correr tras él, pero esa tensión era nueva. La he llamado. Ha venido junto a mi y avanzado a mi lado sin apartar la mirada de lo que yo aún no veía. He comprobado que llevaba el móvil y he seguido avanzando. El sendero no se ensanchaba, acababa en una pequeña explanada. No he visto nada extraño. Y he seguido andando. Pero sentía una mirada clavada en mi espalda. De hecho me ha parecido que alguien me chistaba en silencio. Me he girado. Nadie. He seguido unos pasos. Seguía teniendo esa sensación y la Kenia no se separaba de mi lado. Mirándome, como si estuviera esperando una señal mía. Me he vuelto a girar. Entonces he visto un árbol en el que no me había fijado. Un árbol de tronco retorcido. Con las ramas extendidas en arabescos y un gran ojo. Alrededor suyo, otros árboles de tronco más delgado formaban una jaula.

Me he acercado. He pasado entre los árboles barrote. Me he acercado al árbol prisionero. Lo he rodeado. Parecía sufrir en su encierro. He mirado dentro del ojo. No se que esperaba encontrar, pero lo que he visto es lo último que me podía imaginar. Sobre el tronco alguien había grabado algo. Un corazón. Con una única incial. La mía. Sin pensarlo he sacado las llaves del bolsillo. He suspirado. He dibujado otra inicial. La suya.

La Kenía ha hecho pipi cerca y hemos segudo bajando.

13 January, 2007

13 GRUAS BAJO O EL SOL O LA CUESTA DE ENERO

Sábado por la mañana. La cuesta de Enero se me está haciendo muy difícil de subir pero hace sol. Estoy muy baja de fondo, así que decido subir una cuesta asumible. Con tramos empinados, pero amable en su mayor parte. Al menos, más amable que cualquier cajero.

Hacía allá voy. Con mi equipo de supervivencia de sábado por la mañana. Un libro, un paquete de tabaco, una coca-cola y mi cámara de fotos movidas y borrosas. Y la Kenia se viene conmigo. Voy a subir a la Penya del Moro. En la cima hay las ruinas de un poblado ibérico, en el centro los restos de una torre de la que solo queda el hueco central y alrededor una especie de gradas que ofrecen una magnífica vista y…un cómodo solarium.

Suelo llegar, siempre sin fondoni fondos, temprano los sábados por la mañana, hacia las 10. No son más de 30 minutos a un ritmo muuuuy tranquilo y entreteniendome con todo lo que veo yo o lo que ve la Kenia. Los sábados no hay nadie, solo sube de vez en cuando algún biciclitero o alguien con perros. Hola y adios, no más. La mayoría de las veces me apalanco yo sola, con mi libro y mi coca-cola, mientras la Kenia explora toda la zona hasta que se echa en el centro de la torre, que es un “ruedo” de arena que queda a la sombra.

Hoy he subido bastante rápido. Por el camino, he vuelto a fijarme en que la procesionaria ya tiene sus nidos listos. Que la Ginesta tiene aún más flores que hace un par de semanas aunque no estamos en abril. Que hay pinos resecos o de hoja caduca o caducada. Que ese chisporroteo de los postes eléctricos que atraviesan toda la Serralada no puede ser bueno. Que en esa fábrica que hay en medio de la montaña se deben llevar acabo experimentos secretos del gobierno. Que alguien ha soltado sus palomas mensajeras pintadas de colores pero sigo sin cobertura. Que en una simple foto me han salido trece gruas sin fijarme demasiado.

He seguido subiendo. Solo hay tres puntos en los que me tengo que parar y hacer una respiración profunda para recuperar un ritmo de respiración tranquilo. Subo a cómodos plazos.

Y cuando he llegado arriba dispuesta a disfrutar del silencio, he tenido que volver a bajar.

Tal cual si hubiera ido al cajero hoy que no tengo fondos.

30 December, 2006

03 December, 2006

FRENCH MANICURE

Mi idea de blog no es la de “querido diario, hoy…” y sin embargo hay dias es que es inevitable recurrir a lo anecdótico del día. Como hoy. Los que tenemos perros sabemos que una de las peores cosas que te pueda pasar es que te salga de esos que les gusta restregarse en cualquier cosa maloliente que encuentren. Lo favorito suele ser animalos muertos y excrementos humanos que encuentran en la montaña. Alguno seguramente sabe lo que es. Llamas al perro que tarda algo más de lo acostumbrado en aparecer. Y cuando lo ves venir, trae un aire de triunfo que te hace sospechar, Cuando lo tienes cerca el hedor es tal que entiendes que alguna vez algún desaprensivo sea capaz de abandonar a su mejor amigo. Nada que huela así de mal puede ser el mejor amigo de nadie. Está claro que estoy exagerando, (en la peste no), sinó en que está justifique el abandono de animales. No hay ninguna situación en que abandonar a un perro a su suerte no sea un crimen. Pués bien, está mañana, después de irme a tomar el café y coincidir de nuevo con la Brigada Dominguera de los Testigos de Jehova he llevado a la Kenia a una de esas montañas urbanas que tenemos alrededor de Barcelona. Estamos en temporada de caza, y como no me apetece que me confundan con una jabalí y me arreen una perdigonada, en lugar de hacer una pequeña excursión, nos hemos quedado en la zona “urbana”. Cerca de una masia que tiene alquiladas las antiguas cuadras a pequeños talleres y artesanos. La verdad, esperaba coincidir con un restaurador de antiguedades que hay por allí. Lo vi un día sin camiseta y la verdad es que sus bíceps, naturales, no de machacada con las pesas, me dejaron sin palabras. Hemos coincido alguna vez más, y he notado cierto interés por su parte, pero, pese a que las ultimas veces se pone la camiseta antes de saludarme, sigo sin recuperar la capacidad de diálogo con él. Espero encontrar una cómoda Chippendale en un container para tener excusa y entrar en su taller y mientras tanto, llevo a la Kenia a correr por allí a ver si eso de que con perros se liga más es cierto. Bueno, pués esta mañana, la Kenia que no es como los demás perros ha desaparecido de mi vista. No me he preocupado, no es una perra que de demasiados problemas. Me he sentado en unapiedra a leer el periódico al solete que se estaba muy bien. Cuano le ha parecido, ha vuelto y se ha sentado a mi lado. Hola Kenia. On estaves? Dona’m la poteta. Y lo he visto. Ha vuelto con una manicura francesa en las cuatro pezuñas y unas cuantas mechas rosadas a lo largo de su cabellera. Al parecer de un desagüe de uno de los talleres salía un chorro de pintura -que ya le vale- y se había hecho un charco rosado. Al lado del charco, una Moreneta de yeso decapitada, un enanito de jardín mirando al horizonte y una caña de pescar de cuando Collserola estaba bajo el mar. No llevaba la cámara, lástima. (actualizado, volví otro día a hacer la foto) He vuelto a casa en seguida, confiando en que podría quitarselo. En el parking, me he encontrado con una pareja de cincuentones ensayando una coreagrafía de bailes de salón en medio del pasillo. Uno dos unos dos cha cha cha. La mar de majos los dos, eran los vecinos que tenía por más serios en un bloque de treintañeros singles. He subido a casa, y he tratado de enseñar a la K a lavarse los pies en el bidet. La he tenido que ayudar con un estropajo que ella sola no sabía y para ser la primera vez no podía pedir mucho. El resultado no ha sido muy bueno y me temo que tendre que sacar a la K con su manicura francesa durante unos cuantos días. Creo que le pondré un lacito de raso rosa a juego. O igual me lo pongo yo. De perdidos al rio.

29 April, 2006

A falta de rosas, hoy he encontrado un campo de amapolas. Una sorpresa por que está en medio de un polígono industrial. He vuelto a hacer unas fotos y no estaba sola.
Creo que nunca había visto tantas juntas. Me gustan, son flores salvajes y rebeldes capaces de crecer en cualquier arcen.
Eso si, de vuelta he parado el coche junto a un muro grafiteao y m'he robao unas rosas que se escapaban de un jardín, y es que todavía tenía un poco de mono de rosas.
Penica verdad?
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