Esta mañana me he ido con el País, la perra y una coca-cola a ese rincón semi-rural que sin demasiado esfuerzo me aleja de coches y vecinos. Mientras yo leí al solete acerca de la "rarotecnología", ciencia, método o técnica que por ejemplo, permite averiguar el nivel de stress de la plantilla de una empresa mediante la observación del desgaste de los botones del ascensor (no tengo más información, ni siquiera el Google encuentra nada), la perra se dedicaba a sus asuntos con plena libertad.
Sigue rastros, busca palos, come hierbas, corre o salta sin necesidad, esas cosas que hacen los perros. Yo la dejo a su rollo, no se escapa y periódicamente viene a comprobar que sigo allí, y es que parece que los genes caninos han incorporado a su instinto el conocimiento innato de que en cualquier momento pueden ser abandonados por su mejor amigo.
Pues hoy ha desaparecido más de lo habitual y me he preocupado. He descartado el motivo más habitual de fuga, una aventura amorosa, puesto que no está en celo, tampoco cabía la posibilidad de que hubiera encontrado algo comestible ya que estos días anda un poco desganada y la única forma de que se coma unas bolitas de pienso es que yo se las tire para ella las coja al vuelo (eso debe ser el equivalente a los avioncitos de los niños, o ese "una cucharadita por papá, una por mamá..."). Así que me he preocupado un poco más y tras llamarla y silbarla durante un cuarto de hora he ido a buscarla.
Un ladrido me ha indicado que me acercaba, pero la muy tonta, al ver que estaba cerca no ha seguido ladrando, así que cada vez que me alejaba ladraba y cuando me acercaba se callaba, eso, en una zona de eco no me facilitaba mucho encontrarla. He creído que me tomaba el pelo y me he alejado más, entonces se ha puesto a ladrar como dios manda.
Pobre animal, como hacía calor ha decidido darse un chapuzón en una balsa, era más profunda de lo que creía, no hacía pie y no podía salir. El borde estaba inclinado y mohoso así que la situación no era fácil. Igual llevaba allí media hora y daba penica verla tan asustada. Con razón no ladraba, estaba agotada. No se como, pero con mis 54 Kg he conseguido tirar del collar y de una pata hasta sacar del agua sus cerca de 40 kg. Tiene mérito ya que hay que tener en cuenta que una parte importante de mi peso es totalmente inútil y no aporta ninguna fuerza sino celulitis, que creo que ya tengo hasta en el cerebro. Lo más fácil es que yo también me hubiera caído a la acequia, cosa que daba cierto repelús, la verdad, y además que si la perra no hace pie, yo tampoco, que si se pone a dos patas medimos más o menos lo mismo (ella por enorme y yo por pequeña, que aún no he dado el estirón definitivo). Así que tambien me las hubiera visto para salir de allí.
Tal como ha tenido las cuatro patas en el suelo se le ha pasado el susto y se ha puesto a correr, supongo que se trataba de tomar contacto con la tierra firme alegremente, pero la balsa está rodeada de pequeños huertos recién sembrados. Faltaba el payés con el trabuco.
Por aquí hace días que no llueve, así que el agua de la balsa llevaría unos cuantos días estancada y el color verde y la espumilla de la superficie me ha dado cosa, así que al llegar a casa, aunque no me gusta meterla en la bañera, no he tenido más remedio que entablar una nueva lucha cuerpo a cuerpo y darle un baño en contra de su voluntad. Después ha tocado limpiar la bañera a conciencia y recoger del suelo unos cuantos litros de agua. Una tranquila mañana de domingo.
La perra dueme profundamente y yo tengo una tortículis de espanto que me va desde la nuca hasta los tobillos.





