28 August, 2008

Foto de Juan Luís García
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“El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y solo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear. “

David Trueba. Saber perder

26 August, 2008

TOPICAS VACACIONES

A la hora del café, los señores trajeados de la planta más alta bajan al bar de la esquina. Es el único de la zona que tiene terraza y, durante las vacaciones, al menos un par de ellos han retomado el denostado hábito de fumar. Es el segundo día tras las vacaciones para los seis, pero se les ve relajados. A los ejecutivos la rutina laboral les relaja, ese es su estado natural, días ajetreados y bien organizados. Sin ese levantarse sin saber que hacer en un apartamento en la costa o ese cansado deambular por destinos turísticos más o menos exóticos con viendo souvenirs de todo a 100, o ese sentirse encerrados en un yate de 15 m de eslora. La aburrida conversación de sus mujeres empeñadas en reavivar un romanticismo naufragado años antes, las continuas pataletas de los niños...

Sin embargo, la conversación no deja entrever esa realidad. Ninguno de ellos aceptará jamás que teme las vacaciones. Que año tras año, apenas llega al destino escogido se siente decepcionado, que ya el segundo día consulta su agenda electrónica y que la ausencia de mensajes le produce un vacío incómodo. Casi es mejor perder la cobertura y que ese vacío quede ocupado por una gran desazón o inquietud. No. Cada uno habla satisfecho de su destino. Ninguno hace mención de los aburridos paseos al atardecer con su mujer, o de lo pesados que son los niños aprendiendo a nadar "mira papa" "papa báñate" "papá una carrera"...Y sin embargo una y otra vez, miran a uno de ellos, algo más joven, unos 45, y le recriminan su pasividad, su vida de soltero ermitaño, su falta de actividad, de curiosidad...

El no dice nada, pero por dentro ríe a carcajadas. Recordando el anuncio que puso en la página de contactos del periódico de mayor tirada.

"Se buscan señoritas de compañía de distintas nacionalidades. Buena presencia. Dotes artísticas. Creatividad. Cocina. Imprescindible mayores de edad"

El "casting", telefónico, duró una semana. Recibió decenas de llamadas de múltiples acentos. A cada una le preguntó por los tópicos de su país. ¿Bailas samba? ¿Sabes preparar mousaka? ¿sabes hacer masajes? ¿sabes bailar la danza de los siete velos? ¿haces gimnasia rítmica?

Escogió a cinco. Les ofreció a cada una pasar 2 días con él por un muy buen precio. Ellas tenían que preparar una perfomance típica de su país preparar una comida y una cena tradicional de su país, explicarle algo de su vida y pasar una noche con él.

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Sin duda habían sido las mejores vacaciones de su vida. Una tras otra, las chicas se habían presentado algo incómodas por que la propuesta no era habitual, pero él las había tratado muy bien y pronto se había establecido una complicidad entre ellos que no era habitual en su trabajo. Las había escuchado hablar de su vida, de como habían crecido, de como unas habían escapado de una sociedad que las oprimía y de como a otras las habían engañado, de lo dura que era su vida y de las situaciones que tenían que enfrentar cada día. Las había escuchado con atención y respeto, sin morbo. Ellas habían olvidado que estaban trabajando. Por una vez, se habían sentido cómodas y había sido divertido prepararle una cena de su país amenizada con alguna danza o alguna canción típica, o incluso tópica.

El se había sorprendido sintiéndose culpable por mercadear con aquellas mujeres. Eran las reglas del juego, ellas vivían de eso, pero hablando con ellas, se preguntaba que hubiera pasado si aquella conversación no hubiera sido comprada, si hubiera sido fruto de un encuentro casual, ¿no se hubiera enamorado de alguna de ellas? Una tras otra le habían enriquecido, le habían abierto su mente, de cada despedida había tenido un punto de emotividad. A una de ellas que realmente le había gustado, le había dicho "te llamaré" como se lo hubiera dicho a una novia reciente y ese "te llamaré" había sonado raro. No estaba pensando en llamarla como profesional, ¿pero podía llamarla de otra manera?. Ella también pareció desconcertada.

Cerró la puerta tras la última chica con una mezcla de sentimientos. Había un punto de culpabilidad, pero sobretodo sorpresa, cariño, empatía por aquellas chicas, sin duda las mejores personas que había conocido en mucho tiempo.

En la mesa pagan los cafés y se oyen un par de lamentos fingidos. "que dura es la vuelta al trabajo". Uno le da una palmada en la espalda "Mira que tirarte dos semanas encerrado en casa, ¡con la de mundo que hay que ver!" . Él sonríe y la sonrisa, como no podía ser de otra manera, le da un aire a Richard Gere en una película tontorrona.