14 January, 2016

EL RETO. HM1





Meses después, frente al pelotón de periodistas que la apuntaban con sus micrófonos recordaría aquella tarde en que en un arrebato aceptaría el reto de escribir una mala historia cada semana.

El reto le ofrecía una trayectoria que parecía hecha a medida.  Ella no es que fuera una mujer de principios, pero si que empezaba cosas, cosas que luego no podía o no sabía acabar y que quedaban perdidos en un laberinto de situaciones absurdas, malentendidos y abandonos. Principios de aventuras. Principios de historias, Principios de proyectos laborales. Principios de enamoramiento. Principios de prácticas deportivas varias. Principios de aprendizaje musical. Y así.

Pero entre todo eso, una de las cosas que más le gustaba desde pequeña era empezar historias. Crecían a partir de una frase, de una imagen, de un personaje que existía o no…a veces esos principios prometían, pero luego se enredaban sobre si mismos hasta que todas las opciones quedaban capadas. Otras veces la inspiración no iba mas alla de dos lineas. Pero aquel reto le ofrecía la posibilidad de forzar finales, de asesinar gratuitamente a sus personajes, de resubordinar frases eternas, de utilizar recursos remanidos, de plagiar buenos y malos relatos, de inventar palabras, de escribir compulsivamente. Vamos, el sueño de cualquier escritor mediocre con pretensiones.

Corría el rumor que todo había empezado por un meme de Facebook, ella siempre lo desmintió alegando que el meme era el resultado de incrédulos ultrapositivos cuquilectores de Coello y Bucay que negaban a ultranza la posibilidad del fracaso. Ella había planteado su reto y a partir de ahí habían surgido esas frases que aseguraban que era imposible con un objetivo baboso-motivacional. Aquellos vendedores de humo rosa perfumado la cabreaban de tal manera que por primera vez en su vida se vio dispuesta a acabar algo. ¿Cómo iba a ser imposible escribir 52 relatos malos seguidos? Ella había estado segura desde el primer momento, desde el principio. Solo había que dar un vistazo a su colección de diarios personales. Ella si podía, Y de hecho, si alguna vez había sido capaz de redactar un párrafo ameno o interesante, las horas de sofá y telebasura oportunamente habían abortado cualquier intento de ir más allá.

Asi desde el momento que empezó el reto su compromiso fue máximo y semana tras semana colgó en su anodino blog una nueva historia, cada vez más mala, cada vez más incoherente, cada vez con un vocabulario más pobre, con argumentos cada vez más inverosímiles y personajes más planos. Su blog se lleno de comentarios de friquis, de trols y de spam en varios idiomas. Pero ella no se sentía presionada, las malas historias eran su baza, y la última semana del año publicó su Gran Mala Historia Maestra. Era mala de verdad, pésima, la aberración última. Y se hizo viral.
Empezaron a correr artículos con títulos como “no creerás lo que fue capaz de hacer esta escritora”, “las 52 historias que no deberías leer”. Y empezó la discusión. Ella atribuía su éxito en el reto a su falta de talento, a su gran fracaso como escritora, sin embargo sus detractores le negaban el triunfo. Lo suyo era un fracaso, un reto no cumplido y le atribuían una serie de virtudes que le producían alergia, a saber: creatividad, perseverancia, innovación, motivación, disciplina…Sus defensores en cambio atribuían su triunfo en el reto al descuido, a las prisas, a la falta de documentación, a la mediocridad, a la pereza…

Y al final, tras meses de idas y venidas en las redes, de negociar con patrocinadores que le proponían nuevos retos “cada día una foto en la que salgas mas fea” “cada día una canción desafinada” dio una rueda de prensa a la que acudieron periodista de la prensa amarilla, de los suplementos culturales, de los medios digitales, de las hojas dominicales de las parroquias…y cuando los tenía a todos delante , impacientes por saber que diría, leanto la mirada y dijo “Hasta la vista baby”, y se fue con el peor final que se le ocurrió  arrancando un gran aplauso.

tiempo malgastado 45 min 
51 malas historias esperan ser escritas