11 September, 2008

VOLVER - o de como un bonito recuerdo se convierte en una desapacible obsesión

Foto de Nicola Hardy. A door to Heaven. En Google Maps (Formentera).
Dicen que si tiras una moneda a la Fontana de Trevi, te aseguras de que volverás a Roma. Suena bien, pero yo conozco una isla, a ratos desierta, en la que no hace falta tirar nada para que la idea de volver se convierta en un deseo obsesivo que tiñe de color turquesa los ratos muertos. Como éste. Solo hace falta ver una puesta de sol o encontrar la roca en la que encaja perfectamente tu cuerpo, o buscar tu sombra entre los peces del fondo del mar. Cuando al borde de uno de sus alcantilados miras a tu alrededor, sientes que te han quitado unas gafas invisibles, pero sucias, que te debieron poner nada más nacer y que te impedían percibir la luz real. Descubres toda una gama de azules y verdes, turquesas y esmeraldas que no contiene ninguna rueda cromática, que nada, que no sea la propia memoria, puede reproducir. Después te concentras en el silencio de la isla. Es un silencio sonoro, roto por un murmullo de olas suaves o por algún pájaro viajero, que seguro, se lo piensa dos veces antes de continuar su viaje. Cuentan que fue un paraíso hippy. Es un paraíso hippy. Sin hippies y sin drogas. Llegas y a los dos minutos de poner los pies en el tierra firma, eres libre. Nada importa, tan solo el próximi rincón en que sentarte y mirar el espectáculo inmóvil. No hay marihuana que despierte, ¿o relaje? los sentidos como el agua de esta isla. Puede hasta con el amaneramiento pijo de los que llegan en yate de 30 m de eslora que solo pisar en la isla se asalvajan un poco, y tan solo algunos niñatos pijos italianos se mantienen al margen y conservan intacto el look conjuntado y patetico-glamouroso que los caracteriza. Y ahí, sentado, en un embarcadero de madera abandonado, o a los pies de un faro, o en una roca asomada al vacia, o tras una duna de arena, te cae la oscuridad más ligeras. Algunos afortunados ven la lluvia de estrellas de agosto. Sin ningún obstáculo, las estrellas llueven sobre la isla plana, cada una con su deseo, por todas partes deseos cayendo...
El segundo día , descubres que te molesta el bañador aunque una semana antes te hayas manifestado en contra de las playas nudistas. Necesitas sentir la isla en cada poro de tu piel. Ya no eres el mismo que llegaste. El tercero, algunos pueden leer, pero solo libros especiales, de los que se saborean pagina a página y no se olvidan.
A esas alturas empiezas a descubrir la otra isla. Las lagartijas verdes. Las orquideas. Las cisternas que llevan agua dulce a las casas. El licor de hierbas. Los marcos pintados de azul. Los mercadillos... Si no te vas enseguida no querrás irte, y los isleños avisan que la isla es otra en invierno, que le mar te incomunica, que el viento te azota hasta volverte loco, y que la oscuridad pesa más que en otros sitios.
Nunca me he quedado, y hace mucho que no he vuelto, pero trato de imaginar el humo saliendo por las chimeneas y la cara del viento estrellandose contra una ventana, y no se, igual si vuelvo... El video es "prestado" de youtube, pero ese color es de la isla. Más y mejor en la película Lucia y el Sexo de Julio Medem mediante el cuento que escribe su protagonista, y como no, en la isla.