28 January, 2008

Paseo

       Se pierde la mirada.

Huye. Más allá de cualquier objeto.

Una playa prácticamente desierta en un día de verano camuflado de un mes de enero. Un chico leyendo. Un par de amigas, tomando el sol, fumándose un canuto. El plasta del tanga. Una colgada despeinada con un perro. Un matrimonio paseando. ¿juntos?

Paseo libre. Sin la dictadura de una acera o un paso de peatones.

Huellas efímeras que no son rastro.

Llegan con pocos bártulos. En temporada baja no hace falta tumbona ni nevera ni parasol. Tampoco hace falta quitarse mucha ropa. Empieza a andar él. A la izquierda. Ella hace unos estiramientos que aprendió en el programa de Eva Nasarre. Echa a andar hacia la derecha.

Un ruido atronador que no se oye.

Un susurro que retumba.

Es una playa pequeña. O una cala grande. Apenas 5  minutos de punta a punta. El marido ya ha llegado al extremo izquierdo. Se detiene un momento a observar las olas rompiendo en las rocas. Da la vuelta. Por un momento coinciden caminando en la misma dirección, pero en seguida la mujer, que va unos 200 m por delante, alcanza el extremo derecho y da la vuelta. Se acercan el uno al otro de frente, como en un duelo. Se miran de lejos. Tratan de reconocer a ese extraño conyugal. Un par de minutos después se cruzan. ¿Se saludan? Intercambian unas palabras. De lejos parecen un par de vecinos de la misma calle que se cruzan cuando uno va a por el periódico y la otra viene con la barra de pan bajo el brazo.

Continúan el paseo, cada uno en su dirección. Ella recorre la playa un par de veces más. Cada vez intercambian unas palabras sordas.  Ella se sienta en una toalla a leer una revista. En la portada sale un príncipe. El sigue dando paseos de punta a punta de la playa. De vez en cuando se para y contempla algo sin mirar.

En un momento indeterminado, sin acercarse, sin cruzar una mirada o pronunciar una palabra, el regresa a la toalla justo en el momento en que ella cierra la revista y se levanta. Recogen las cosas y se van.

El, acalorado por los paseos, baja las ventanas del coche. Ella las sube.  No pronuncian una palabra en todo el viaje.

Llevan 30 años casados.

Los últimos 29 en silencio, no se sabe si no tienen nada que decirse o es que no hace falta que se lo digan en voz alta.

 

El extremo izquierdo del paseo

Foto: El extremo izquierdo del paseo

12 comments:

carlota said...

Pues hija, con los datos que das, yo diría que es lo primero...porque si no, hay miradas, hay sonrisas que se te escapan...hay algo, que incluso se percibe desde fuera...digo yo. Un abrazo.

El futuro bloguero said...

Me sigue llamando la atencion ese silencio. Como cuando ves una pareja cenando en un restaurante y sin dirigirse la palabra en toda la comida.

Menudo plan...

ciclotimico said...

Vivir el silencio en pareja es todo un arte.

Ñoco Le Bolo said...

Los silencios son los ruidos más sonoros. Son elocuentes. Me falta un dato. Las miradas

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Castigadora said...

A veces lo único que nos pasa es que nos acostumbramos a la presencia que nos acompañó durante ese tiempo pero sólo a su presencia, no a su voz, ni a sus necesidades, es una pena dejar de compartir las pequeñas cosas, con el paso del tiempo

Saludos!

Madame Vaudeville said...

Con lo habladora que soy se me hace muuuy raro pensar en estar callada con mi novio. Cuando veo a parejas en cafés o restaurantes que no se dirigen la palabra, o están cada uno mirando para un lado, o leyendo la prensa, me quedo tonta. No lo concibo, vamos.
Besos a gritos!!!!!! Hoy, nada de silencio.

Misántropo said...

Hay pactos insondables.

Y también gente para todo.

A mí, que me registren. Pero puede que en las calas grandes suelan pasar estas cosas.

O no.

¿Callar yo? Ni bajo el agua.

Muás.

Luna Carmesi said...

Uf!
Va a ser la primera opcion me temo!
:S

Y es que hay silencios...

sr Miyagi said...

No hay que ser negativos...

Realmente podemos decir que nos sentimos a gusto con un amigo cuando podemos estar con él mucho tiempo sin la necesidad de decir chorradas para romper el silencio. La playa es un lugar ideal para disfrutar en libertad de un buen paseo...

iza said...

Son las cosas de la soledad en compañía. También hay que tener arte pa eso, estoy de acuerdo

iza said...

Son las cosas de la soledad en compañía. También hay que tener arte pa eso, estoy de acuerdo