21 January, 2014

Dejando de fumar…es fácil (dicen)


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Y lo dejé durante un mes y pico y volví a caer. Y lo gracioso es que no acabo de aceptar que vuelvo a fumar, y fumo a escondidas. Y eso que vivo sola. Me escondo en el baño, y para no salir apestando a humo me he comprado un traje de neopreno de segunda mano solo para fumar, y en la cabeza me pongo un gorro de ducha. Justo tras la ultima calada me cepillo los dientes hasta que me sangran las encías,  me como un chicle de menta y enciendo una barrita de incienso. No compro tabaco en los sitios habituales para que no me vea nadie. No fumo por la calle…Pero en realidad no fumo del todo, a ver, hace dos meses que no fumo durante cuatro días y fumo (a escondidas) los tres siguientes. Un sin vivir, cuatro días luchando contra las ganas de fumar y el cuarto día, cuando ya ha pasado la peor, coincide que hay un estanco ante mi en uno de esos minutos malos y zas, ahí me tienes, con las gafas de sol y la capucha puesta susurrando “un Lucky” con la cabeza gachay a partir de ahí tres días, dos paquetes sintiéndome culpable por fumar, por haber roto mi compromiso y por echar por la borda el esfuerzo.
Hay un minuto de condescendencia, de autoindulgencia, de debilidad que puede con todo, y es contra ese minuto contra el que lucho. Es solo un minuto el que me lleva del No fumo al Fumo. Al principio ese minuto solo se daba con algún amigo fumador y volvía a el viejo “¿me das un cigarro?”, y ese minuto se convertía en dos, tres a lo sumo, se consumía el cigarrillo y seguía sin fumar. Pero mi cerebro ha entendido que solo necesita un minuto para tumbar mi fuerza de voluntad y que puede ir más allá de un cigarrillo. Si entro a un estanco salgo con 20 y lo más fácil es que cuando se acaben compre 20 más.
Y ahora me es más difícil luchar contra esos Minutos. Contra ese Click. Y me cabrea, por que me sentí muy bien esas semanas sin fumar, no noté cambios físicos, aunque varias personas mencionaron mi buena cara, una mejora en la piel. Me sentí bien por que me sentí LIBRE. Y me cabrea por que vi que podía dejar de fumar con facilidad pero ahora se que puedo volver a caer con más facilidad aún. Y si dejar de fumar tiene un inconveniente, es el de engordarse, y ahí mi cuerpo parece que SI ha entendido que he dejado de fumar.
Pero sigo decidida. Así que he vuelto a sacar el polvo del libro de Allen Carr. Lo leí en el 2003, esperanzada apunté la fecha. Lo leí de tirón. Fumando. Me gustó. Está muy bien escrito y razona cosas que yo intuitivamente sabía pero nunca me había molestado en verbalizar. Leí el libro y lo recomendé a amigos. Algunos dejaron de fumar con él. Yo no. Mi argumento fue que yo era lectora compulsiva (en el 2003 todavía no había caído en las garras de la telebasura) y que no era tan fácil que un libro, uno más, cambiara mis hábitos. De hecho mi brillante argumento era “me encantó American Psycho y eso no me convirtió en psicópata, si leyeras más, no hubieras dejado de fumar”. 11 años después, decidida a dejar de fumar y lectora ocasional más influenciable por las lecturas escasas he retomado el libro. Siempre será mejor un libro que un parche, unos ansiolíticos, una hipnosis o unas agujas.
Y lo leo para reforzar lo que ya se y para volver a marcar una casilla de salida. Por que es algo que quiero hacer y no tengo por que no hacerlo. Y como veo que al blog llegan unas cuantas personas con búsquedas como “dejar de fumar” y cosas por el estilo, copio una de las reflexiones del libro que me parecen más acertadas.
“lo más trágico del fumar es que la sensación de disfrute que el fumador recibe del cigarrillo no es ni más ni menos que el placer de intentar volver al estado de paz, tranquilidad y confianza en el que vivía su cuerpo antes de engancharse. “
Allen Carr. Dejar de fumar es fácil si sabes cómo.
Y enciendo un cigarrillo. Uno de los últimos.
fumar3

3 comments:

antihéroe said...

Ánimo.
Sólo necesitas un motivo, uno bueno, de verdad, de peso.
Y agarrarte a él hasta el fin de los días.
Hasta que empieces a soñar que fumar y al despertar te alegres de que haya sido un sueño.

ñOCO Le bOLO said...


Creo que dejar de fumar es muy fácil. Facilísimo, según mi cuñado. Y doy fe de ello. Él deja de fumar media docena de veces al mes.
Cuídate. Lo de sangrar las encías no vale la pena.

· un beso

· CR · & · LMA ·


Ale said...

A mí me ayudó apuntarme a un programa del ayuntamiento (vivo en Madrid). No te dicen nada que no sepas, pero oye, por lo menos te estás comprometiendo con más gente y eso. Prueba si eso, para romper tu inercia ya vale.