14 September, 2007

AUTOAYUDA ALREDEDOR

No me gusta perder libros. No me refiero a prestar un libro que te ha gustado mucho a alguien que te gusta y a quien crees que le puede gustar. Eso entra dentro de la magia de ese libro. Y me gusta saber que ese ejemplar de “Payasos en la Lavadora” de Alex de la Iglesia , que me dejó una buena amiga y que yo dejé a un buen amigo , que lo dejó a su vez a su buen amigo que a su vez lo dejó y aquí pierdo el rastro, sigue trazando esa red de buenos amigos que compartimos por separado buenos momentos. El libro no parece estar a la venta en ningún sitio y eso le da un aire de tesoro secreto, la comunidad del libro…y ahora que pienso me lo dejó una S, se lo dejé a un S, el se lo dejó a otro S…muchas eses…

Me refiero a olvidar un libro a medias en el tren, o en un hotel o en cualquier otro sitio al que seguramente no vuelves. El libro se queda a medias para siempre. Nunca lo vuelves a empezar y si alguien lo encuentra, no estoy segura de que lea lo mismo que yo.

Y tampoco me gusta encontrarmelos. Y es que me da por pensar que es el destino el que me los pone delante por algo. No es que vaya encontrandome libros perdidos por ahí cada dos por tres pero cada vez que pasa, una que es un poco tremendista se monta una paranoia.

Recuerdo un atardecer lluvioso que paseaba a la Cai, una simpatiquisima perrita que ya murió. Estabamos en un descampado que aparte de por dueños y perros estaba bastante frecuentado, de lunes a viernes por coches de cristales oscuros o persianas en las ventanas y camiones sin caja, y el fin de semana por domingueros en acampada urbana.

Bajo la lluvía apareció un libro. Estaba mojado, pero todavía podían pasarse las páginas. Era un libro de poemas, a mi parecer no muy buenos, pero a mi no me entusiasma la poesía (si no es recitada al oído por un poeta aficionado). Lo bueno del libro era la dedicatoria de la primera página, que empezaba a borrarse. No recuerdo que decía, solo que casi me hizo llorar de lo bonita y sincera que parecía. Y recuerdo sobretodo preguntarme qué hacía aquel libro allí. Si lo habría tirado alguien o si lo habría perdido. ¿y por que allí?. No imaginaba ese libro cayendo desde la ventana de un camión o de la nevera de los domingueros. Pensé que tendría que inventarme la historia. Y lo sigo pensando.

Ayer, al volver de una reunión en Madrid, en el bus que nos llevaba del avión a la terminal me encontré un libro. O me sentaba encima de él o lo cogía. Lo cogí. “El libro de la serenidad”. Miré alrededor. Señores de negocios. Muy serenos todos. Muy sobrados. No sabía que hacer con el libro. No llevaba dedicatoria. Lo metí en el bolso. Me sentí culpable. Dios mio, alguien ha perdido su serenidad y la tengo yo y ni siquiera se si es mi talla. Volví a sacar el libro. ¿lo habrían comprado en el aeropuerto? ¿este era el de salida o el de llegada? ¿tenía que llevarlo a equipajes perdidos? ¿tenía que leerlo? ¿qué había comprado semejante libro? ¿qué esperaba encontrar en él? Sereno no era, pero un "insereno" no puede leer un libro con la cubierta de color malva.

Yo, serena, lo que se dice serena, no soy, "inserena" del todo tampoco así que igual me lo podía leer. Pero estos libros me dan yuyu, y he leído el párrafo final y habla de mi yo interior , y he mirado por el medio y habla de salud emocional y de equilibrio, y todo eso me produce pesadillas, así que no voy a leer más y no se que hacer con el libro.

No se si ponerlo entre ese extraño "Becks The unofficial and unauthorised Biography of David Beckham" que robó para mi un amigo y ese Best Seller del Siglo "Los Hombres son de Marte y las Mujeres de Venus", que se empeñó en dejarme una amiga...¡después de que su novio lo subrrallara y llenara de anotaciones personales!, o entre el catalogo de IKEA y las Páginas Amarillas del 1998.

De la misma colección podía haberme encontrado “El libro de la Felicidad” y “El libro del Amor”.

Definitivamente hay que leer más.

2 comments:

mandarina azul said...

Sí, definitivamente hay que leer más, pero en ocasiones hay que leer menos... :P

Mel Alcoholica said...

También yo me encontré un libro bajo la lluvia, una mañana que salí a buscar trabajo hace unos años. Era 'Harry Potter y la cámara secreta'.

Todavía me pregunto qué significado tuvo eso.