“Se que nuestras vidas están hechas de pequeñas indiferencias. De retazos de pequeñeces con las cuales nos contamos un cuento.
Hasta que se cuela una rendija de luz y, no sabes como, el Sol está dentro de tu casa”
“Se que nuestras vidas están hechas de pequeñas indiferencias. De retazos de pequeñeces con las cuales nos contamos un cuento.
Hasta que se cuela una rendija de luz y, no sabes como, el Sol está dentro de tu casa”
Para leer este post hace falta un ratón y un poco de imaginación.
Hoy se ha ido la luz en Barcelona. Siempre había creído que un acontecimiento así me sorprendería en un ascensor blindado con una embarazada que rompería aguas, yo la asistiría en el parte y agradecida le pondría al bebé Esadelblog. O con un chico guapo, inteligente y rico, a mi me daría un ataque de ansiedad y me desmayaría, el me haría el boca a boca y continuaría con un beso y empezaría una historia de amor a lo Julia Roberts, mi idolo y modelo. O con una viejita extranjera que durante las horas del encierro me contaría que perdió una hija que ahora tendría mi edad y se parecería a mi y acabaría nombrandome su heredera…
Pero me ha pillado en un edificio en que el ascensor tiene más de 100 años y es de madera labrada y pareces de cristal, intimidadd cero, con parada en una planta que pone Bilbao (?) con letras de latón. Ni siquiera he tenido que dejar de trabajar por que mi ordenador tenía suficiente batería y aunque el teléfono no funcionaba, me podían llamar a mi movil (gran error ese de dar el numero privado en el trabajo). Así que mientras la ciudad se sumía en el caos sin semáforos y sin metro y sin aires acondicionados y sin cajas registradoras yo seguía con mis cositas y mi cuenta atrás. Lo único excepcional es que tras bajar a fumar, justo a la hora en que un señor pasea por el Passeig de Gràcia, desnudo, con el culo tatuado con una especie de bañador turbo setentero y un piercing colgando medio metro, he tenido que subir las señoriales escaleras a pie, eso si, recreándome en las bonitas vidrieras , los mosaicos y las magníficas puertas de cada despacho.
Se rumorea que lo de que se hayan quemado un par de transformadores ha sido por lo del Jueves, que mira que son rebeldes estos chicos y mira que dan tema. Se ve que en Poble Nou han oKupado una imprenta abandonado y se han líado a panfletar el Jueves hasta que ha pegado un subidón se tensión y han saltado chispas. Y es que la cosa está que arde. Fíjate la que han liado. Me comentaba un compañero que unos amigos suyos han asaltado a varios carteros de los que se sospechaba que llevaban ejemplares a los suscriptores. Que hay un barbero que ha quintuplicado su tarifa y además cobra por hora de espera por que ha consegido un par de ejemplares. Que la SGA está que trina por que no sabe si tiene que cobrar algo por todas las fotocopias que empiezan a circular dado que el original está secuestrado. Que en Londres se hacen apuestas acerca de si LaDoña desmentira la práctica de esa postura. Que los Chinos de las Ramblas ya tienen unos llaveros con una figurita de plástico made en la UE y unos abanicos con la caricatura. Que París Hilton y Pablo Carbonell, que tienen un affair se han ofrecido para hacer la próxima portada…
Y yo, en mi cuenta atrás hasta el 31 de Julio fecha en que decidire si les hago una gran butifarra a estos del curro, si les hago una pirulilla o que narices hago, que por una vez no me gustaría ser buena nena. Pués he marcado un punto intermedio. El miércoles. Para que no se me olvide que sale el Jueves.
Hoy me he escaqueado de un “dinar de germanor” con los “compañeros” de trabajo. He fingido no saber nada y haber quedado con alguien. Es una de las ventajas de ser una “prestige single” o soltera reconocida, cuando la gente te oye decir “he quedado” nunca insiste en que pases tu cita a otro día sinó que te abruman con preguntas tipo “¿con quién?” “¿te gusta?” “¿hay algo?”. Pobre de la que diga que si en los días venideros, la oficina te observa desde que entras tratando de ver si tu andar refleja horas y horas de sexo, si tarareas enamorada y se escapa una risita tonta por cualquier cosa, si llevas algun chupetón en el cuello o si por el contrario se te escapan las lágrimas cuando en el Hilo Musical suena el Guardaespaldas. Decir que no supone un gesto de desilusión del que te interroga y creo que en el caso de los chicos aún es peor por que se pone en duda su poder de machote y ligón consumado.
En fin, no he ido a comer por que no me daba la gana. Por que no me vale el una de cal y una de arena. Por que en mi oficina, después de un asalto al poder, manda un Triunvirato más inútil que cualquier tripartit y creo que hasta me llevaría mejor con este nuevo e insufrible Aznar de bigote desmelenado que con mi jefe. Por que me quedan dos telediarios y por que ya tengo bastantes capítulos para ese libro que no escribiré por que me tacharian de oportunista por ir al rebufo de “el demonio viste de Prada” y de “yo soy Bea”.
Pero quizá si que cuando me decida por un nuevo servidor de ADSL postearé como despiden a una recepcionista por que “no es lo suficientemente guapa” pese a que el mismo que la quiere echar hace unos días la apadrinaba y la defendía a capa y espada como la gran profesional de la recepción, creerme no es una gran profesional, más bien lo contrario, pero que conste en acta, no la echan por eso, la echan por fea. Tambien postearé como mi nuevo jefe, con las pupilas como un hula hop pretende convertirse en la copia española de un fantasma mediático italiano. Y quizá, quizá, postee como desarrollo mi lado más maquiavélico-profesional que parece que se despierta. Y al final, quizá postee como saturada del apasionante mundo de la empresa, me salto ese esperado viaje a la polinesia para el que cualquier día tengo que empezar a ahorrar, y de una vez me dedico a las ONGs. Mi plan era hacerlo dentro de unos años, haber aprendido como se trabaja eficientemente y haber rebajado algo mi hipoteca y invertir lo que haya aprendido en una causa humanitaria y no en el Jet Privado de un accionista.
No aprendo nada (bueno), me estoy envenenando y la hipoteca sigue ahí plantando cara.
The time has come to make it true...
Pués bueno, no he ido a comer con ellos ni tenía ganas de comer sola, así que me he refugiado del calor en la FNAC. No voy muy bien de pasta y llevaba la tarjeta, así que no podía acercarme a ninguna sección interesante, no fuera a escaparseme la tarjeta como me ha pasado otras veces. Bricolaje o Autoayuda. La concursante escoge Autoayuda. ¿Quién ha dicho que esa sección no era interesante? Así al primer vistazo he contado 500 formas de alcanzar la felicidad, secretos para prosperar en el trabajo sin comer queso, guías para que el sexo sea maravilloso aún sin tenerlo, como alcanzar la espiritualidad a traves de los alimentos malecácticos, como encontrar el camino mágico,…He sido capaz de sobrevivir muchos años sin secador de pelo, pero no se como he podido superarlo todo sin leer ningún libro de autoayuda.
Pero lo realmente interesante a sido la conversación de dos tipos al otro lado de la estantería. Ellos no me veían, ignoro que hubiera pasado si lo hubieran hecho.
-Este es el mejor sitio de toda Barcelona para ligar, y esta la mejor hora.
-¿la FNAC?
-si, pero esta sección
-que dices tio.
-que si, fijate, solo hay tías jovenes y alguna madurita potentona.
-es verdad tío
-pues claro, las que las han dejado, las que les han puesto los cuernos, las que buscan a su príncipe, las guarrillas que buscan libros de sexo...
-ja ja que bueno
-tu llegas, das un vistazo a los libros y disimulas, luego cuando llega la que te gusta la miras, miras que libro tiene en la mano y le sonríes. Das una vuelta y vuelves, y cuando ella te sonría, que fijo que te sonríe le preguntas “¿que buscas?”. Ella te dirá “no se” y te pondrá cara de pena, como de “es que estoy un poco depre”. Tu vas con el rollo de “vaya, eso no puede ser, ¿te apetece un café?”. Y ya está roto el hielo, a partir de ahí allá tu con tu palique.
Entonces uno me ha visto, era majete, y me ha sonreído tratando de ver que tenía en las manos. Y me apetecía un café pero era la hora de volver a la oficina y la Posta de Quitapenas no me quedaba de camino.
Baja la ventana del coche, le da al Play. Primera. Segunda. Tercera. Cuarta. Y quinta. El coche solo tiene cinco marchas. Se pregunta sin con la Sexta sería más fácil. Atrás quedan recuerdos olvidados, tiempos pasados que se arrastran de cansancio. Enciende un cigarrillo. Passa bajo un panel luminoso “Dessitjem que tornis”. Piensa que desea no volver. Abre el cenicero. Lleno de colillas. La mitad manchadas de carmin. Del mismo carmín que lo besaba con cuídado de no mancharlo. Sale de la autopista a la primera oportunidad. Un área de autopista de tonos naranjas. Aparca bajo una uralita y un sol pesado. Vacía el cenicero en una papelera. Abre el maletero y se asegura que está vacío. Que no ha cargado nada. Sube al coche. Primera. Segunda. Tercera. Cuarta. Y quinta. Látima no tener Seís marchas. Le apetece. Baja la ventana. Un ruído atronador no le deja escuchar el eco que le persigue.
300 Km en quinta. Baja la radio y sube la ventana. Bien parece que ya no lleva a nadie al rebufo. Sale de la autopista. A la izquierda. Toma todos los desvíos a la izquierda. Nunca a la derecha. La derecha no va a ninguna parte. Tiene sed. Se detiene en el primer pueblo que encuentra. Un pueblo de carretera secundaria. Apenas una calle. En un extremo un cartel de coca-cola. En el otro uno de San Miguel. Siente la llamada del Santo. Tras la barra un señor mayor, muy gastado y una cafetera. A los pies de la barra una capa de servilletas de bar arrugadas, huesos de aceituna y colillas. Observa que ninguna tiene restos de carmín y que en la zona parece que se fuma mucho tabaco negro. Pide una cerveza. Saca el móvil del bolsillo para comprobar que no tiene ningún mensaje ni ninguna llamada perdida. Comprueba su lista de teléfonos varias veces y se detiene en el de siempre.
3.00 en el quinto. Baja la voz de la tele y se asoma a la ventana. Los mismos coches aparcados. Mira hacía la izquierda. Siempre a la izqierda. A la derecha solo un muro de ladrillo con unas pintadas fascistas. Tiene sed. Abre la nevera. Duda entre una coca-cola o una cerveza. Coge una cerveza. Saca el móvil del bolso para comprobar que no tiene ningún mensaje ni ninguna llamada perdida. Comprueba su lista de teléfonos varias veces y se detiene en el de siempre.
Todas las tardes a las 5:13 la misma queja. –Hay que ver que todos los dias me tienen que dejar las manos marcadas en el cristal.
Era el mejor momento del día. Esos ojos inquietos que la miraban a través del cristal que parecían no decidirse a entrar.
-Buenas tardes
-Buenas tardes. ¿Les puedo ayudar?
-Si, es mi cumpleaños
-Venga enseñale cuál es.
- la que me guiña el ojo.
-¿Cuál?
Aún a veces, cuando me acerco a la estantería acoger o dejar un libro y la miro de refilón, me guiña el ojo. Y de vez en cuando, en esas temporadas en que las prisas, los nervios, o la mala leche no me dejan detenerme a saludarla, me la encuentro caída en el suelo. La levanto, la peino y le sacudo el vestido, la devuelvo a la estantería y abro las cortinas para que pueda ver por la ventana a los niños que juegan en el parque.
Ninguna Barbie guiñó nunca el ojo y por eso nunca hubo ninguna en la estantería de los cuentos.
Siempre pensó que su peor desgracia era su mala memoría. Tan mala era que lo engañaba con falsos recuerdos que lo atormentaban en forma pesadillas en el sueño y de inquietantes deja vus en la vigilia. Aparecía como el eterno arrepentido de oscuras traiciones a amigos que nunca tuvo. Como el culpable de perversas acciones que jamás siquiera había imaginado antes de recordarlas. Como el urdidor de innumerables crímenes. Su mala memoría lo engañaba con un pasado horrible que no era el suyo.
Tratando de olvidar había recurrido a cuanto estafador se mostraba a su alcance. Le hablaron de Hipnosis Inversa, de Tarot Reversible, lo deshechizaron, lo desexhorcizaron, le aplicaron electroshocks caseros y nada funcionó. Su Mala Memoría seguía azotandolo con recuerdos que no pertenecían a su biografía.
Se encerraba en su casa y bebía litros de Bourbon a sabiendas de que sería incapaz de alcanzar la puerta de la casa y salir a cometer alguna maldad. Bebía hasta perder el conocimiento esperando engañar a su memoría. Y sin embargo al día siguiente recordaba retazos de crueldad bélica y torturas, por su frente un pase de diapositivas en las que él era un dictador africano, un malvado señor feudal, un ogro carnívoro, un despiadado bandido.
Trataba en vano de mirar al futuro. El futuro era su esperanza. Aún virgen de recuerdos. Y sin embargo cada día de futuro que llegaba traía con él recuerdos ajenos. Quiso entonces enterrar el pasado y buscó un desierto. Y empezó. Pero día a día un poco de futuro se le ensuciaba con aquellos pasados y parecía que el desierto le quedaba pequeño. Cada vez le era más difícil cavar un poco sin desenterrar algo y cada vez andaba más desesperado.
Llegó al borde del desierto. Cansado y muy viejo. Arrastrándo la losa de un pasado incierto que su Mala Memoria no le dejaba olvidar. Había pasado años luchando contra sus falsos recuerdos. Le quedaba apenas un rato de futuro cuando vió a un bar. Creyó que podía ser un espejismo o un falso recuerdo. Pero después de tantos años de viaje tenía algo de sed y entró.
Por primera vez en mucho tiempo, entro en un lugar desconocido sin que le golpeara un súbito recuerdo, y tranquilo se dirigió la barra. Una cara desconocida que sonreía le saludo. Era un señor pequeño, flaco, de cabeza redonda y ojos pequeños. Una melena albina escasa y mal cortada, que caía sobre los hombros y por entre la que escapaban dos orejas puntiagudas, era toda la vestimenta de aquella figura.
Una mano extremadamente larga y delgada en proporcióna l resto del cuerpo se dirigió hacía una estantería.
-Creo que ya estas preparado para un chorrito de Verde Esperanza
Y a ésta afortunadamente no me la he encontado en persona,
solo existe en Googgleland y creo que produce una alergia de espanto.
Al de los bíceps no lo he visto.
Quería dibujarle una mariposa en la espalda con un pintalabios rojo.
Una de las cosas que desde pequeña no soporto son los ruídos que se hacen comiendo pipas, quicos, palomitas y todo eso tipo de cosas. Desde pequeña esos ruídos me desquician. Mi hermano lo sabía y lo utilizaba para provocarme hasta que acababamos a puñetazos como buenos hermanos.
No se cuando empezó, ni que diría Freud al respecto, pero es así. Cuando compartia piso era la norma inquebrantable: Las Pipas están prohibidas en esta casa. Y mi tono era tal que nunca ninguno de mis compañeros probó a romperla.
Pués bien, a mis queridas compañeras de trabajo les ha dado por comer palomitas desde las 9 de la mañana a las 6 de la tarde. Soy una persona bastante pacífica, poco conflictiva. Sobretodo por que una vez entro al trapo me es muy difícil recular. Y cuando me pongo tengo muy mala leche.
Así que el desgaste es tremendo. Supongo que no creen que sea para tanto. Supongo que ni yo misma me lo creería si me lo dijera alguien. Pero es así.
Estamos pendientes de un traslado de oficina, y creo que en mi nueva ubicación estaré alejada del nucleo duro o gallinero como he oído que lo llaman por ahí, pero ahora estamos todas en un espacio muy pequeño, somos todas muy ruidosas y ahí hay más cojones por metro cuadrado que si todas los tuvieramos, así que a veces hay que hacer un gran esfuerzo para que no se monte el gran pollo, por una discusión de trabajo o, la mayor parte de las veces, en si favorece más es color piedra que el carbono (ufff) o en si Pe tiene más glamour que la Pa. No suelo entrar en esas cosas, yo soy más del Jueves que del Vogue así que a mi bola. Pero desde que les ha dado por las putas palomitas y estan todo el dia con el puto crec crec he desgastado 1 mm de esmalte de tanto apretar los dientes y no estrangularlas. Por que puedo soportar que pongan al Bisbal, que se pasen el día hablando a grito pelao, lo que sea, pero el crec crec todo el día, creo que no, y como no se les pase pronto, no se si no tendre un brote psicótico o un momento de alienación transitoria.
Y si, claro,una solución es el rollo Caponata y ponerme a comer palomitas yo tambien y hacer más ruido que ellas, pero coño que estamos trabajando y necesito las dos manos! Supongo que solo por eso aún no les ha dado por traer pipas...Y ESO SI QUE NO LO PODRÍA SOPORTAR.
De momento les he comprado una bolsa enorme de chuches de colorines, blanditas y prácticamente insonoras para que se distraigan.
Y si no funciona, probaré con unos berberechos y unas olivitas para que vayan picando.
Y si no, probaré a ver si consigo que trabajen un poco a ver si se me distraen y nos les da la ansiedad. Oin.
Nada más bajar del coche, han aparecido dos perros, lógico, la Kenia está en el momento crítico, o pasional, según se mire, del celo, y tan atractiva les ha parecido que, como he podido la he metido en el coche , y es que ella tambien tenía ganas de juerga con el mastín. Los dos perros, el enorme mastín y un cazador de enormes orejas que le iba al rebufo, han seguido por allí, perdidos o desorientados por las hormonas. Me he acercado al mastín, llevaba una placa, se llamaba Rei, y había un par de teléfonos. He llamado. Mientras la Kenía miraba meláncolica por la ventana cual princesa en su torre esperando al príncipe que la rescate. El Sr.X me ha dicho que estaba a unos 10 km. pero que solo tenía que decir "Rei a casa" con voz autoritaria y el perro volvería tranquilamente, a paso de mastín gigante viejo y, hoy, además, decepcionado. El Sr.X por lo visto es cocinero en un restaurante de Collserola y no podía salir hasta que acabara el segundo turno de calçotadas. Es curioso por que justo ayer quedé con unos ex-compañeros de trabajo para ir a ese mismo restaurante dentro de unas semanas. Y es que estamos en temporada de calçots y nadie se libra de dos o tres calçotadas. Terrible la moda de las cebolletas.
"Rei a casa" y Rei se ha ido. Si a casa o en busca de otra perrrita encendida no lo se. He sacado a la Kenia del coche y hemos dado un pequeño paseo. He tratado de no perderla de vista, no fuera que ella y Rei hubieran quedado en verse más tarde y a solas en una clave que yo, sobretodo por humana, desconozco. La Kenia pesa 40 kg, y Rei supongo que más de 50 así que una camadita de los dos sería un gran problema. Pero Rei ya se había ido a casa resignado y la Kenia ya lo había olvidado. Amores pasajeros. Aún así, se ha esfumado unos minutos.
Y ha vuelto contenta, como siempre que encuentra un tesoro: un palo interesante, una piña enorme, una lata de cerveza, una garrafa de agua, algo que se coma, algo que huela mal... ¡Solo que hoy, de su incursión por la montaña me ha traído un dado! Un dado curioso, de madera, enorme para ser un dado, desde luego no apto para un parchís convencional.
En un primer momento he pensado que esta perra lee el blog y me quiere tomar el pelo, pero eso no justifica que haya encontrado el dado en medio de la montaña, y no lo llevaba cuando hemos salido de casa, es más, puedo asegurar que ese dado nunca ha estado en esta casa. En fin, lo ha dejado delante mio. Y ha salido un seis. Esta perrita es un cielo y somos un buen equipo.
Nada, que uno de estos sábados llamo a los del buscador. En Collserola se cuece algo. Pero de momento salió el 6.